La ciudad y los días

carlos / colón

La felicidad a 2,75 pesetas

LOS sevillanos conocieron al recientemente desaparecido Mickey Rooney, tras verlo en papeles secundarios, cuando en las navidades de 1939 se estrenó como première en España Forja de hombres en el San Fernando con todos los requisitos de los grandes acontecimientos: taquilla abierta desde las once de la mañana, todas las sesiones numeradas, butaca para la sesión de gala de las 18:15 al desorbitado precio de 4,30 pesetas y en las sesiones de 20:30 y 22:45 a 2,75 pesetas. "Después de Freddy Batholomew he aquí a Mickey Rooney -decía la prensa-, golfillo descarado y pretencioso, tartamudeo chulesco y corazón rebosante de vida". Y lo convirtieron en uno de sus actores favoritos cuando un mes más tarde, el 28 de enero de 1940, llegó Andy Harvey a la misma pantalla del San Fernando en Las vacaciones del juez Harvey, anunciada como el "primer film de la familia Harvey".

En 1943 la Metro Goldwyn Mayer inició una espectacular campaña de prensa en la que los Estados Unidos tendían la mano a España a través del cine bajo el lema "Un saludo a través del mar". En siete anuncios a toda página la Metro, como portavoz de América, anunciaba: "Buenas noticias: películas americanas en España". Y prometía que "nuestros amigos españoles podrán gozar la satisfacción de un selecto entretenimiento en estos tiempos de inquietud universal". Los artistas Metro eran "los bienintencionados embajadores de la pantalla" que traen "amor, risa y aventuras".

Entre estos embajadores Mickey Rooney ocupaba un lugar privilegiado junto a Gable, Garbo, Tracy, Barrymore, Lamarr, MacDonald, Taylor o la Judy Garland que, haciendo pareja Rooney, pronto conquistaría del todo a Sevilla. Eran años duros, muy duros. Y los espectadores necesitaban lo que Metro pregonaba en su anuncio: "Las cuatro paredes de un cinema son los límites de un mundo propio. Las películas han ganado el camino del corazón a todos los pueblos. Proporcionan descanso, mitigan las preocupaciones del día. Son la vanguardia de los días felices, los embajadores de la buena voluntad. ¡A la felicidad por la vía del cine!".

Eran tiempos de pánico universal, más que de inquietud, y en España de feroz represión y terribles hambrunas, en los que las cuatro paredes de un cine eran, verdaderamente, la vanguardia (o quizás la nostalgia) de los días felices. Un refugio. Continuará.

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