la ciudad y los días

Carlos Colón

La filósofa espontánea

EN Andalucía Directo, uno de los buenos programas que también tiene Canal Sur junto a otros… digamos menos buenos, entrevistan a los curiosos que, al calor del accidente del barco del capitán cagueta que ha demostrado que la Italia sinvergüenza y cobardona de Alberto Sordi sigue existiendo, se dan un paseíto por el muelle de un puerto andaluz para ver uno de estos rascacielos flotantes. El entrevistador aborda a dos señoras que tienen el don de la auténtica gracia andaluza, tan maravilloso cuando es natural -como corresponde a todos los dones que el cielo o la tierra conceden- y tan molesto cuando es exageración o impostura.

"¿Se atreverían ustedes a embarcarse ahora mismo en este crucero, tras haber visto las imágenes del hundimiento del barco italiano?", les preguntan. "¿Qué si me embarcaría?", contesta una de ellas con esa interrogación que el tono y la expresión convierten en afirmación. "¡Ahora mismo!". Insiste el entrevistador: "¿Y no le daría miedo de que le pasara lo mismo?". "¿Y qué más da? Donde está el cuerpo está el peligro", contestó esta espontánea del estoicismo.

Porque sin saberlo, por haberlo mamado de esa cultura que antes se adquiría por impregnación; de esa cultura en la que Manuel Chaves Nogales reconocía la sabiduría de los ignorantes a quienes las ciudades y las costumbres infundían su espíritu sabio; de esa cultura hoy ya casi perdida a la que unos llaman folclore y otros cultura popular... Sin saberlo, decía, esa señora sintetizó en cinco palabras un puñado de siglos de sabiduría. Desde Séneca hasta Manuel Machado, pasando por Manrique, Quevedo o Gracián. El estoicismo clásico, el pesimismo medieval, el desgarro barroco, el sentimiento trágico de la vida, todo estaba condensado en esa frase sabia: donde está el cuerpo está el peligro.

Nacer es empezar a morir, de la cuna a la tumba, para morirse basta estar vivo, in ictu oculi, la mar a la que van a dar los ríos que son nuestras vidas, de vita brevis, "¡fue sueño ayer, mañana será tierra!", "antes que el tiempo muera en nuestros brazos", ubi sunt... Todo está dicho en esta frase rotunda, resumidos en ella los ejercicios de San Ignacio y compilado el Kempis entero (pequeño gran libro del que el opinador intelectual de guardia en una emisora progresista afirmó hace poco que era una obra del siglo XIX muy parecida a Camino).

No hay refugio en el que la pelona no pueda entrar. Lo mismo da la aventura que el sosiego, el refugio que la exposición, la camillita de la salita de estar que navegar por mares llenos de peligros: donde está el cuerpo está el peligro. Y se acabó. No hay más que decir.

Sabidurías perdidas.

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