desde mi córner

Luis Carlos Peris

El fútbol es rico en tramposos

La lluvia de balones en La Romareda ha sido castigada tan ridículamente que seguro que la práctica proliferará

SEISCIENTOS euros es un dinerito para cualquier ciudadano de a pie, sobre todo para esos que no tienen la luz pagada de por vida, pero es una minucia en el mundo del fútbol. Por seiscientos euros se pueden hacer irregularidades como las que se produjeron en Zaragoza el lunes. Por sólo seiscientos euros, que es la sanción de Competición al club maño, se puede sabotear el juego del rival con absoluta impunidad. Con lo que se está jugando el equipo de Aguirre parece ya dentro de lo normal que se altere el rumbo de las cosas echando balones y más balones al campo, sobre todo si el precio por echarlos sale tan barato.

No tiene sentido casi nada de lo que decide el Comité de Competición, pues considerar una alteración leve del juego que haya que parar repetidamente dicho juego no tiene una explicación medianamente lógica. Es un capítulo más en la picaresca del otro fútbol que tan bien manejan algunos entrenadores y la verdad es que suena a farisaica excusa la actitud de condena que Aguirre ha mantenido contra los saboteadores. Es mucho lo que el Zaragoza se juega, claro, pero también lo que se juega un Getafe que habrá tomado las enseñanzas debidas y no sería extraño que el Sevilla pudiese sufrir este sábado en el Alfonso Pérez una réplica de lo ocurrido en Zaragoza.

No es por poner al apósito antes de que aflore el furúnculo, pero mal hace el Comité de Competición en sancionar tan ridículamente lo que es un sabotaje en toda regla contra el curso normal de un partido de fútbol. Por supuesto que no ha sido en Zaragoza donde ha germinado dicha práctica, que a veces hasta se ha visto en algún campo que un recogepelotas asista con diligencia al que va a sacar de banda mientras el rival está atento a otro balón. En fin, que nada hay nuevo bajo este sol que nos alumbra, pero sancionando de forma tan benévola lo único que va a conseguirse es que prime aquello de que el fútbol es para listos cuando debe decir para tramposos.

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