BREVIARIO

Alejandro V. García

A gobernar

LA campaña electoral es tediosa, pero el tiempo que dista entre las elecciones y las constitución de los ayuntamientos, sobre todo en aquellos donde la alcaldía pende de un pacto que muchas veces es una traición, es grimoso. Los que ganan por amplias mayorías afilan las espadas; los que han perdido mascullan letanías ácidas; los que esperan el alumbramiento de un acuerdo chalanenan en los despachos o venden su ideología al diablo. Todo es turbio, espeso, equívoco. Ahí tiene el lector, en las páginas de al lado, el resultado final; las extrañas alianzas, los compañeros de cama. Los que se quieren y los que (entrañablemente) se odian a matar pero se avienen a compartir el mismo colchón. Y también, por supuesto, las parejas que se clavan puñales por la espalda. Las mayorías, pero también las minorías, esos grupos aislados llamados a traer aire fresco a la vieja democracia, terminan nutriendo el monstruo de la partitocracia y convirtiendo los votos en moneda para las apuestas mutuas. Ya terminó. Ahora es necesario gobernar. Y eso está muy bien. Dejemos las disputas teóricas y apliquemos la práctica de gobierno, a ver en qué quedan las promesas, los juramentos de lealtad y las fórmulas magistrales para la armonía universal. Miremos fijamente. Escépticos del mundo, uníos.

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