Agostados

Juan M. Marqués Perales

La guerra y la paz

POCO antes de comenzar el verano, Jesús Vigorra invitó a los espectadores de El público lee a aprovechar el sosiego de las cigarras para afrontar uno de esos retos pendientes, casi inconfesables: Guerra y paz. Conseguido. El insomnio de estas noches soporíferas caía vencido mientras Bonaparte seguía avanzando de victoria en victoria hasta su derrota final. En Guerra y paz, Tolstoi volcó muchas cosas, y entre ellas, sobresale la desmitificación de la genialidad de los grandes estrategas militares y la del mayor de ellos, Napoleón. Tampoco se queda corto el zar. En West Point se lee Guerra y paz, pero en la Casa Blanca y en el Kremlin no han aprendido sus lecciones: qué cara sale la farsa de las derrotas convertidas en victorias cuando la humillación se celebra como una heroicidad. Aún no había concluido en Afganistán la guerra contra el terrorismo cuando George W. Bush inició la de Iraq con una coartada de abogado fullero para caer en el error de los dos frentes. Como Napoleón. Las tropas norteamericanas dejan oficialmente la vieja Mesopotamia este miércoles sin saber quién ha perdido, aunque sí conocemos al ganador: Irán, que echará su paraguas protector sobre los chiíes del sur en cuanto no queden barras y estrellas. El enemigo de Afganistán fue otro: el terrorismo y el régimen talibán que lo protegía, pero en el ombligo del mundo han tropezado tres imperios, el británico, el soviético y el norteamericano, y la zona de influencia de los barbudos se extiende por el mapa como un fuego avivado por el anuncio de la retirada programada de Obama. Al final, habrá que buscar a los talibanes buenos, o inventárselos, para pactar con ellos y asegurarse cierta estabilidad. Ya todos lo reconocen, incluido Karzai y algunos generales estadounidenses. Pero como el propio Tolstoi advierte en una de sus novelas más cortas, ni las desafecciones más sonadas ayudan a la victoria. Hadyi Murad -que ésta es la propuesta de vuelta a los de Vigorra- fue escrita hace 150 años, y allí siguen sus protagonistas, los rusos, enfrascados en las gargantas de Chechenia.

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