el periscopio

León Lasa

El increíble salario menguante

EN aquella magnífica película de finales de los años cincuenta que yo vi de niño, un hombre que regresaba a casa después de un paseo en barca con su mujer comenzaba a encoger su tamaño hasta ser éste menor casi al de un átomo. Como clásico de serie B de las películas de terror, El increíble hombre menguante ha sobrevivido hasta nuestros días envejeciendo con la dignidad de las cosas bien hechas. Pues bien, viene esto a cuento de que algo parecido a lo que le sucedió al protagonista de la película le está ocurriendo a nuestros salarios, a las rentas de trabajo de todos los españoles. Ya sé que, como en el film, para menguar en todo caso hay que existir, y que el gran problema de muchos ciudadanos es precisamente la imposibilidad de que su salario se encoja... sencillamente porque éste no existe. Pero para aquellos afortunados que todavía disfrutan de uno tanto la historia reciente como las perspectivas futuras no son nada halagüeñas. Empleemos, entre otras cosas, la más simple de las leyes de mercado, la de la oferta y la demanda: ¿qué ocurre con el precio de los tomates cuando las cosechas son excelentes y se dobla la producción? Pues apliquémoslo al trabajo. Con un stock de reserva tan elevado, ¿qué precio y qué condiciones podemos exigir los asalariados?

Dos excelentes artículos publicados en el salmón El País el pasado domingo tratan de este asunto en profundidad (El ajuste encoge los salarios y Los salarios pierden peso). A estas alturas damos por supuesto que quien más quien menos ya sabe o ha oído hablar de la devaluación interna: de que, una vez que la devaluación de la moneda es inviable (solución episódica de nuestro pasado no tan lejano), la única manera de ganar competitividad en los mercados, aquella que perdimos en años de exuberancia irracional e inflación desbocada, es la reducción de nuestros precios y salarios. Por supuesto más de lo segundo que de lo primero. Porque en un sistema capitalista -a veces nos olvidamos de que hemos elegido y aceptado este deporte- lo último que se toca son los beneficios empresariales. Así las cosas, en los últimos años, mientras los precios han crecido a un ritmo anual del 3,5%, los sueldos -los que lo han hecho- apenas han subido un 1,4%. Y desde el 2010 los salarios públicos han perdido alrededor de un 20% de poder adquisitivo: ¡un 20%! Además de todo eso, el peso de las rentas del trabajo en la riqueza nacional está en mínimos históricos: un 45,6% desde casi un 52% en el año 2000. No estaría de más echar un vistazo al artículo Las rentas empresariales superan por primera vez a las salariales en España en Google. ¿Sacrificios, recortes? Sí, pero un poquito de por favor.

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