A La Carrera / Jorge / Bezares

Y en esto llegó Wert

de San Jerónimo

CON Rajoy y medio Gobierno repartidos por París y Bruselas -Morenés adquirió en la capital comunitaria un escudo antimisiles por un trozo más de soberanía sobre Rota-, la sesión de control al Gobierno de ayer en el Congreso apuntaba a descafeinado sin azúcar.

Pero el ministro de Educación, Cultura y Deportes se encargó él solito de romper todas las previsiones al echar más madera a la cruzada independentista catalana, que pugnaba con las previsiones para salir -corriendo- del FMI por convertirse en la principal puñeta parlamentaria del día. Con el desparpajo que le acompaña, el ministro-sociólogo anunció que "el objetivo del Gobierno es españolizar a los alumnos catalanes" para que "se sientan tan orgullosos de ser españoles como catalanes". Toma ya: un café doble con unos granitos de sal y unas gotas de nitro. Interpelado por el diputado socialista Francesc Vallés sobre unas declaraciones que hizo días atrás en las que vinculó el independentismo con el modelo educativo catalán, Wert se ratificó en lo dicho y se explicó: "La deriva que ha tomado parte del sistema educativo en Cataluña facilita que se produzca un ocultamiento o una minimización de los elementos comunes, particularmente los históricos, que configuran la historia de Cataluña dentro de España". "En cambio se exageran, a veces hasta la caricatura, los elementos particulares de Cataluña", sentenció. Estas afirmaciones encendieron al diputado socialista -y no entusiasmaron en exceso en la bancada popular, que no comulga mucho con la verborrea de Wert-, que las consideró propias del franquismo. Para Vallés, que defendió que en Cataluña no se adoctrina, sino se educa y se forma, las políticas del ministro "dividen entre catalanes y españoles, entre independentistas y no independentistas, entre buenos y malos". Y le sugirió que "modernice su discurso y actúe con sentido de responsabilidad si no quiere pasar a la historia como Wert el Segregador".

En fin, aunque no es previsible que el asunto vaya a más -todo dependerá de las futuras previsiones del FMI-, que nadie descarte un decreto-ley de la churrería monclovita obligando a los niños catalanes del Barça a aprenderse en horas escolares los nombres de todos los reyes godos y la alineación del Espanyol (Español, por supuesto) que a punto estuvo de ganar la Copa de la UEFA.

Después del recital de inoportunidad que ofreció Wert, Montoro, el otro gran ministro pirómano del Gobierno, pareció en la sesión de control totalmente rehabilitado; al menos, apareció sin temblores ni risitas nerviosas. Tanto es así que no entró al trapo ante un reparto "más equitativo" del déficit para 2013 que le reclamó Andalucía, ni ante la ausencia de política territorial que le recriminó el PSOE y ni ante los recortes presupuestarios en Navarra y el País Vasco. Al diputado socialista Javier Barrero, que le apretó con incumplimiento de la Disposición Adicional Tercera del Estatuto andaluz en los últimos Presupuestos y la necesidad de un plan de empleo para los municipios de Málaga, Almería y Granada afectados por el último temporal, le llegó a pedir públicamente "levantémonos de estos escaños para reconocer que estamos trabajando conjuntamente para resolver los problemas y garantizar la financiación de los servicios públicos y para dar imagen de unidad, que es clave en la España de las autonomías". Un artista del alambre este jiennense recriado en el Caribe.

Por lo demás, ni Sáenz de Santamaría, ni Báñez, ni Montoro, ni De Guindos aclararon si el Gobierno actualizará o no las pensiones al IPC a partir de diciembre. El asunto adquiere la categoría de enigma político a la espera de que los chicos de Arriola le encuentren un buen eufemismo. Mientras tanto, la herencia, el agujero, el despilfarro, la ruina, la corrupción y alguna plaga bíblica también asociada a ZP siguen dando juego diez meses después de que el PP tocara pelo y el patio esté peor, si cabe.

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