Visto y Oído

Antonio / Sempere

La lluvia

LA lluvia. La maldita lluvia aguó la fiesta. Andalucía directo dio rendida cuenta de las supresiones de salidas de cofradías y hermandades, y de las recogidas tempranas de otras, antes de tiempo, y las conexiones de madrugada de Canal Sur quedaron huérfanas de imágenes procesionales a la hora convenida.

La ventana de La 2 se asomó a Málaga, tal y como estaba previsto. Mientras que en el Jueves Santo todo discurrió con normalidad, y decir normalidad es decir esplendor, el Viernes Santo quedó roto por las previsiones de lluvia. Pero ahí estaba, al micrófono, ese malagueño singular que es Antonio Garrido, animando la transmisión. Que, sin duda, supo a poco. Qué alegría da encontrar a un Antonio Garrido en el camino. Inteligente, socarrón, erudito y contemporizador. Que con independencia de los requisitos formales que atesora en su curriculum (haber sido pregonero, profesor, autor y ensayista, comisario de exposiciones) es, ante todo, un ser profundamente integrado en su tierra y un manantial de sabiduría. Lo que se dice un libro abierto. Qué sería de nosotros y de nuestra tierra sin estas personas. Cada ciudad tiene las suyas. Sonríen a lo que acarician y dibujan con palabras aquellos sentimientos que, por colectivos, a todos nosotros nos pertenecen. La mayoría de las cofradías se habían recogido en la medianoche del Viernes Santo en Málaga, pero no nos hubiese importado en absoluto gozar de la compañía de Antonio Garrido durante la hora y media que restaba de conexión. Porque el señor Garrido no dio puntada sin hilo en su alocución en TVE.

Y tuvo el tino de precisar en cada momento lo que dicho momento requería. Desde sus disquisiciones sobre los modos barrocos de vestir la muerte, hasta ese enorme "como dirían en la pintura flamenca, aquí sólo quedan los restos de la batalla", cuando la Alameda Principal quedó vacía de público.

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