Por montera

mariló / montero

La luz de los iluminados

RECUERDO una escalofriante escena de La lista de Schindler. El oficial de las SS Amon Leopold Goeth, sale ufano de su palacete presidencial ubicado en una loma de un campo de concentración. Desarropado tras intentar violar a una sirviente judía cuya consumación no cubre aunque sí llega al acoso. La raza lo frena, le da asco por mucho que la desea. Por lo tanto, desuniformado, viste tan sólo con los pantalones de militar, tirantes y camiseta. Se siente aburrido de beber alcohol de contrabando y de fumar cigarrillos y apagarlos donde para él todo es un cenicero. Coge el fusil y tras el objetivo señala a capricho a los judíos cuyas labores les hacen deambular de un lado para otro. Piensa: ya he exterminado a otro. Uno menos.

A Nicolás Maduro debe ocurrirle algo similar, por no decir lo mismo, ya que todo su país podría compararse a un campo de concentración. Desde su inaccesible altozano, está protegido por sus vasallos embadurnados de palabrerías llenas de hipnotismo ignorante. Los ciudadanos de Venezuela llevan años viviendo inmerecidamente en la pobreza cuando su país generaría trabajo, diario, labores, hogares, escuelas, cultura, alimentos y libertad para todos sus habitantes. Por el contrario siguen en plena recesión económica, los alimentos son siempre escasos, y hay racionamiento de agua. Esta semana me he clavado en la fotografía de una niña haciendo sus deberes escolares a la luz de una vela erguida en medio de una mesa muy pobre. Un lapicero cogido por su mano derecha trata de cumplimentar las tareas mientras se deja la vista entre las sombras de sus propios dedos. Ahí está el primer disparo contra la educación. Luego jugará a ciegas, a tientas con su imaginación, con las dos muñecas que le acompañan a su derecha. Una, desnuda. No podrá ni jugar a los vestiditos. Esta criatura está siendo obligada a construir su infancia bajo la luz de un iluminado. Los cortes eléctricos sólo no permiten trabajar dos días a la semana a casi tres millones de empleados para ahorrar luz, cuando Nicolás Maduro dirige una potencia en energía hidráulica, eólica, solar y petrolera. Su mayor embalse, El Guri, está seco y debería suministrar el 70% de la electricidad al país. Es como si saliera al balcón, bostezase sin importarle cómo se muere su gente mientras él tiene denuncias por sus millones en paraísos fiscales. Alguien debería apagar la vela a éste iluminado y encender las bombillas de Venezuela.

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