Las dos orillas

José Joaquín León

La mafia que padecemos

UN obispo italiano, monseñor Michele Pennisi, ha sido noticia esta semana por llevar escolta. Ha recibido insultos y amenazas de muerte desde que se negó a celebrar un funeral público por Daniele Emmanuelo, uno de los principales jefes mafiosos de Sicilia, responsable de múltiples homicidios, al que la Policía mató durante una redada. El caso nos recuerda, una vez más, el poder que todavía tiene la Mafia en ciertas zonas de Italia. Parece inexplicable que una democracia fuerte y consolidada como la italiana, que terminó con las Brigadas Rojas, no haya podido acabar con organizaciones del crimen organizado, que se regeneran a sí mismas cada vez que caen sus cúpulas directivas.

En España también tenemos nuestra mafia, que es ETA. Copió los métodos de actuación de la Cosa Nostra en sus primeros años: secuestros, extorsiones, asesinatos de enemigos, venganzas con los arrepentidos como Yoyesý Una vez tras otra, cuando detenían a los padrinos de ETA, aparecían otros jefes que los sustituían. Ya ha caído el comando de la T-4, pero posiblemente tendrán preparado el relevo. Aunque se han intentado fórmulas diversas, desde la intensificación de la acción policial y judicial a la negociación, lo máximo que se ha conseguido es debilitarla, pero sigue ahí.

La diferencia principal entra ETA y la Cosa Nostra es que los terroristas se disfrazan con un manto político abertzale, y han simultaneado la actividad de las pistolas y los coches-bomba con la presencia en las instituciones, utilizando a Batasuna y demás grupos afines. También la Mafia siciliana busca connivencias políticas, pero son de otro nivel. Por eso, si ETA se queda sin sus versiones supuestamente políticas de Batasuna, el PCTV o ANV pierde la capacidad de actuación dentro de las instituciones democráticas y se verá limitada a lo que es: una organización mafiosa, que se sirve de la extorsión para conseguir sus fines, y que ha intentado contar con tapaderas legales.

Reducir ETA a su núcleo mafioso no garantiza el final, aunque puede ayudar. Una organización como las de los etarras sólo se desplomaría si llega un momento en que no tienen efectivos para renovarse o entienden que sus fines son imposibles. Resulta menos complejo terminar con una organización terrorista de corte ideológico, como la mayoría de las que han sucumbido en Europa, que con una adaptada a pautas típicamente mafiosas.

Es curioso que tanto ETA como la Mafia siciliana han buscado en múltiples ocasiones las bendiciones de la Iglesia, como en el caso del funeral con monseñor Pennisi. Tienen una actitud tan mesiánica que hasta quieren el apoyo de Dios. Es oportuno que los obispos les recuerden lo contrario, aunque necesiten escolta o les insulten.

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