Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Del merecido reconocimiento a Unai

AUNQUE el recital táctico del miércoles en la Castellana no entra en el cómputo y hubo una noche en que las cosas no salieron a orillas del Turia, la nominación de Unai Emery como mejor entrenador de enero no debe sorprender a nadie, absolutamente a nadie. Aunque el calendario de enero sólo contó con la tachuela valenciana, la andadura de su tropa por el mes de la cuesta ha evidenciado la buena mano del inquieto técnico vasco.

Puede haber quien cuestione la nominación de un técnico que vio cómo su equipo fue apeado de la Copa del Rey mediante un partido que no figurará nunca en lo mejor de su carrera, aquel tan infausto de Cornellà, pero el hecho de que el Sevilla se haya reafirmado en la cuarta plaza pesa lo suyo. Ahora bien, un servidor de Dios y de usted, considera que lo mejor de Unai llegó en febrero, en ese primer y gélido miércoles de febrero en que tuvo en las cuerdas al Realísimo.

Mucha tinta se ha vertido y muchas han sido las voces que han cantado la actuación del Sevilla en Chamartín. Todo muy razonado y razonable con la guinda de la incrustación de Iborra en una especie de media punta errante que lo mismo estuvo para la suma que para la resta. El valenciano tuvo en sus botas la posibilidad de que el juego se reflejara en el electrónico, pero entonces estaríamos hablando de otro futbolista que quizá no estuviese al alcance del Sevilla.

Fue un ataque de entrenador positivo, de esos que unos veces salen y otras no. En la fría noche madrileña salió de cara y sirvió para descabalar a un equipo que va enseñándole la matrícula a todo el pelotón. Se merece Unai el reconocimiento de la Liga para, de esa forma, intentar paliar la ola de incomprensión que le rodea. Una incomprensión incomprensible si no fuese porque no es el primer inquilino del banquillo sevillista que sufre de lo que no es rigurosidad sino injusticia.

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