La ciudad y los días

Carlos Colón

El milagro de Israel

ESCRIBÍA ayer sobre la visita de Obama a Israel -que ha prolongado en Berlín, París y Londres, ignorando Madrid: lo nuestro es Chávez- recogiendo su frase: "Israel es un milagro que ha ido floreciendo". Es necesario recordar que este milagro -hacer florecer y prosperar lo que durante siglos fue un desierto- empezó mucho antes de que el trauma mundial tras el Holocausto hiciera posible el nacimiento de Israel en 1948. El espíritu del salmo 136 ha alentado a los judíos en todos sus exilios: "Junto a los ríos de Babilonia nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión… Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti, Jerusalén".

Este espíritu también les alentó, milagrosamente, durante el exilio de dos milenios que siguió a la destrucción romana de Jerusalén. El gran poeta judeo español Yehuda Aleví invitaba a los judíos a regresar a Jerusalén en el siglo XII, perdiendo él mismo la vida en el intento, y en el XIII hubo migraciones desde España, Francia e Inglaterra. Siglos de nostalgia, fidelidad y sacrificio que culminaron cuando en 1878 se creó el primer asentamiento agrícola moderno judío en Palestina y en 1897 se constituyó el movimiento sionista que, contra lo que se suele creer o se quiere hacer creer, es de origen socialista y no religioso.

En 1926 escribía Joseph Roth en su Judíos errantes"(El Acantilado) sobre la aspiración nacional judía: "Lo que desean no es, sin duda, únicamente preservar su idiosincracia nacional. Quieren para sí el derecho a la vida, a la salud, a la libertad personal, derechos que les son recortados o retirados en casi todos los países europeos. (….) Los jóvenes jaluzim (pioneros) son bravos campesinos y obreros que demuestran la capacidad de los judíos para trabajar, realizar labores agrícolas y convertirse en hijos de la gleba, pese a haber sido secularmente hombres librescos. (…) El derecho sobre Palestina que asiste al judío no radica en que este provenga de dicho país, sino en que ningún otro país lo quiere". Trece años más tarde, en 1939, se desató el infierno: Roth se suicidó en París, a su mujer le fue aplicada la eutanasia legalizada para la eliminación de enfermos mentales y toda su familia murió en los campos de exterminio.

Tenía razón el gran escritor: el derecho del judío sobre Palestina no radica en que provenga históricamente de allí, sino en que ningún otro país lo quiere. Que Israel naciera por fin en 1948, tras dos mil años de exilio y persecuciones, 70 años después de los primeros asentamientos y sólo tres después de que el nazifascismo intentara exterminarlos, es, como ha dicho Obama, un milagro.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios