El balcón

Ignacio / Martínez

Un millón de lacras

EL viernes, los cinco grupos del Parlamento andaluz se han comprometido a buscar una salida "definitiva y negociada" a los conflictos de Delphi, Santana Motor y Astilleros de Huelva. Para lograr semejante propósito quieren involucrar a los gobiernos central y autonómico. El voluntarioso compromiso está lleno de ambigüedad. En realidad la negociación pretende conseguir para esos colectivos unas prestaciones sociales superiores a las que existen para el común de los desempleados. Para que se entienda: los centenares de miles de andaluces que están parados y no encuentran trabajo tienen subsidios precarios y limitados en el tiempo, y los sindicatos quieren para estos tres colectivos una solución que mejore semejante precariedad y limitaciones.

¿Por qué? Porque hubo unos acuerdos firmados en su momento (ocho años en el caso de Delphi y cinco en los otros dos), en los que se les ofreció un rescate por encima de la legislación aplicable. Las razones de aquellas promesas que ahora se reclaman son múltiples. Para empezar la alta tasa de paro de las provincias de origen: Cádiz, Jaén y Huelva, las de mayor desempleo en Andalucía, por encima del 40%. Pero también para evitar alteraciones del orden, cortes de carreteras, manifestaciones de protesta y otras acciones sindicales que la Junta temía siempre. La consigna era la paz social por encima de todo. La fuerza de sus sindicatos hizo de estos colectivos una bandera. Y consiguieron, al menos sobre el papel, lo que no hay presupuesto para ofrecerle al millón de parados de la región.

Veo en la televisión a un representante sindical considerar la situación de los tres colectivos como "una lacra". El sindicalista califica su caso de justicia y la situación de sus representados como precaria. De acuerdo, pero el paro es una lacra para todo el que lo padece, esté afiliado o no a un sindicato, estuviese en estas plantillas o en la de un pequeño taller que haya cerrado y no tenga quien le defienda. Así hay muchos miles de familias en Andalucía. Este caso, de colectivos que tienen una posición de fuerza para imponer condiciones superiores que la media, recuerda al de Grecia. Recibe nueve veces más ayuda por hectárea para su agricultura que los bálticos, tiene el triple de renta por habitante que Bulgaria, su tasa de paro es siete puntos menor que la andaluza, pero "hay un conflicto griego al que hay que dar solución".

Por mantener vivo su conflicto, hay que felicitar a los sindicalistas que defienden la causa de Delphi, Santana y Astilleros, colectivos que han recibido mucho más que un parado andaluz medio. Pero también sería bueno que los cinco grupos del Parlamento andaluz recuerden que representan al conjunto de la ciudadanía. Su difícil tarea es mejorar la situación social y la expectativa laboral de todos los desempleados, sin privilegios. Atender los casos de mayor precariedad y justicia sin distinción. Y aguantar cualquier presión, si lo que pretende es una desigualdad de trato. Hay un millón de lacras en Andalucía.

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