Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

El monopolista no es cobarde

Grifols, único proveedor de plasma sanguíneo, es el último mohicano del Íbex 35

Tras el traslado de las empresas catalanas a ciudades fuera de Cataluña, la única empresa con sede formal en Barcelona de las que están entre las 35 señaladas como de referencia en la bolsa de valores española -el Íbex 35- es Grifols S. A., y se dedica a captar sangre de particulares y hospitales, procesarla y vender a ésos u otros hospitales sus derivados (hemoderivados, en el argot técnico). La espantada empresarial tras la poco declarada declaración de independencia por parte de Puigdemont la pasada semana ha sido masiva. Eso también es responsabilidad social corporativa: es responsable quien cuida de su pescuezo, o sea, de sus accionistas, sus clientes, sus finanzas, su repentino olor a riesgo.

No teman, no tiraremos del recurso fácil a vincular el oficio de la empresa Grifols -sacar sangre y comerciar con ella- con ningún vampirismo catalán al resto del país ni con la correlativa falacia de que a ellos les sacamos la sangre fiscal los demás españoles. La suya es no sólo una actividad lícita, sino también puntera en tecnología, rentable, con gran futuro y proveedora de un bien básico para los servicios de salud. Hay un dato sin embargo que puede aclarar un poco el porqué de lo numantino de la compañía: su mercado es suyo solo, es un monopolio, carece de competidores dentro de España. Grifols espera que, como sucede en su principal proveedor, Estados Unidos, España deje que la gente se gane 60 euros a la semana vendiendo su sangre, y que con eso y un subsidio el pobre tire para adelante. Entonces, su poder será inmenso.

Añadamos dos datos y valoremos a Grifols en su justa medida: según se supo por Wikileaks, EEUU considera a Grifols el activo estratégico más importante de España junto con el Estrecho de Gibraltar y el gasoducto que viene de Argelia. Las necesidades de plasma para tratamientos biomédicos contra el alzhéimer se multiplicarán a la voz de ya. En monopolio y con la venta de sangre privada legalizada, el pelotazo es galáctico. Con un monopolio, o sea, con un demandante cautivo, la necesidad de hacer el gesto del cambio de sede a la vista de los daños del procés es menor. Y mucho menor si los clientes de la vital mercadería son los hospitales españoles: todos. Los incentivos para mudarse son bien bajos. Cosas del monopolio: el monopolista no necesita ser cobarde. No necesita declararse catalán o español. El presidente, Víctor Grifols, nunca ha ocultado sus afectos al catalanismo nacionalista. Él es pura sangre catalana, y tiene las espaldas bien cubiertas.

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