Desde mi córner

Luis Carlos Peris

El mundo contra Paco Chaparro

En un club cualquiera que no sea el Betis ya habrían defendido al técnico de los ataques de un representante

HASTIADO y deseando de que el balón eche a rodar para que el fútbol tape las miserias que anidan en el Real Betis Balompié, intenté mirar hacia otro lado y hasta hubo un tiempo en que me encontré a gusto dentro de una especie de tregua unilateral. Pero no hay forma de que uno no se desayune un día sí y otro también con un sapo cada vez más desagradable y nocivo para tan sevillanísima institución. Tras la gran cosecha de batracios, lo último es que un representante arremeta contra el entrenador del Betis sin que desde el club se le ponga firme y se le diga que, mientras sea el entrenador, Paco Chaparro es intocable.

Así es como funciona un club que sigue vivo de forma milagrosa y en el que se ha enquistado un régimen policiaco en el que todos son espías de todos y en el que todos, absolutamente todos, sólo miran hacia un objetivo, tener contento al que paga. Seis días quedan para que el Recre alce el telón de la Liga en Heliópolis. En vez de apiñarse para embocar el campeonato con un mínimo de esa unión imprescindible para ser fuertes, en el club se guiñan el ojo y se dan codazos de complicidad viendo cómo al entrenador lo insulta impune y públicamente el representante de un futbolista. No sé qué va a pasar cuando el entrenador pierda dos partidos seguidos, no sé.

Nunca me gustó ser reiterativo, pero con esta forma de hacer las cosas, cada día me asombra más que el todavía Real Betis Balompié siga vivo. Vivo y coleando con fuerza gracias a su numerosa y fiel legión de seguidores, pero no por cómo es conducido. En un club normal, a ese representante que ha osado mancillar la figura del entrenador lo hubieran declarado persona non grata. Hubiese sido la única manera de reforzar la figura de ese entrenador de cara a una Liga que asoma con tintes amenazadores. No ha sido así, señal inequívoca de que cada día parece más nítido que entre los enemigos de Paco Chaparro, los más peligrosos están en su trinchera.

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