Hablemos de educación

Javier Ros Pardo / Javierros@ Auna.com

Una necesidad llamada "periódico escolar"

La historia es el humus de lo que pasó", decía Tolkien, pero hay que escribirla. Toda obra o experiencia humana es por definición evanescente y efímera como la vida misma, pero ello no nos exime de la obligación de reflexionar sobre lo que hacemos. Al emprender un nuevo proyecto, sea grande o pequeño, conviene echar un poco la vista atrás y revisar como mínimo los hitos que nos marcaron el camino. La memoria de lo anterior es el nutriente básico de la actividad y la producción científica.

Este y los demás periódicos son materiales que quedan para la memoria histórica, en la que debe caber todo.

No tenemos tradición de sistematizar nuestras experiencias. Entre los turistas sajones que se patean Sevilla es fácil encontrar los que llevan un diario donde apuntan al detalle cuanto ven, sus impresiones, el camino recorrido... En consecuencia, en su tradición artística abunda la creación de novelas y películas mediante la técnica narrativa de "los manuscritos encontrados" en las que el protagonista, en primera persona explica lo que vivió. Pero eso entre los latinos es más raro, porque somos fácil pasto del torbellino de nuestras ansias: aún no hemos terminado un proyecto y ya estamos maquinando otro, sin retroalimentarlo antes con los aciertos y errores del anterior.

La tradición de hacer una memoria, -es decir, escribir la crónica de lo hecho y sucedido- está empezando a imponerse de forma reciente entre nosotros, y en los espacios educativos de forma más bien forzosa. Crearnos un obligado punto de examen e inflexión que nos permita mejorar en el futuro es imprescindible.

Cualquier facultad, instituto o colegio es una organización tremendamente humana donde se escriben letras decisivas de la biografía de las personas, es necesariamente un territorio de memoria literaria; por modesto que sea debe tener una publicación, siempre será una herramienta que aporta perspectiva a lo ya realizado, cohesión social y capacidad crítica.

Algunos pueden objetar que pronto las publicaciones escolares serán un producto obsoleto del pasado, y sólo existirán las páginas web que ya tienen algunos, (cuya incontestable utilidad, por cierto, hemos defendido desde estas páginas). Craso error. Los soportes de la memoria seguirán diversificándose, pero unos no podrán excluir a los otros. Los de la Red son tan efímeros que los expertos de las Ciencias de la Comunicación ya nos avisan de que, al paso que vamos, en un futuro se podrán encontrar más documentos del siglo XIX que del XXI.

Andalucía tiene muchas y muy buenas publicaciones de prensa escolar, y es curioso que las mejores no suelen aparecer en las capitales sino en los pueblos más alejados. Son producto del entusiasmo y el voluntariado de esos imprescindibles locos que salvan la historia. En muchos casos están tan bien hechas que su archivo constituye una fuente documental imprescindible para explicar la historia de muchas localidades. De ello da fe la página que dedica al tema la publicación Andalucía Educativa, que publica la Consejería de Educación.

Una fórmula para mejorar cualitativamente las publicaciones de los centros educativos, sería dotar al profesorado, -mediante un convenio con la Universidad beneficioso para ambas partes- de la ayuda técnica de un alumno en prácticas de Ciencias de la Comunicación.

A final de curso todos estamos abrumados con el papeleo despiadado, y tenemos sobrados motivos para caer en la comodidad de no hacerlo, pero estamos obligados a procurar su aparición dos o tres veces al año, por lo menos.

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