En tránsito

eduardo / jordá

Nunca pasa nada

AHORA todo se olvida muy deprisa y a los dos días de haber sucedido un hecho, casi nadie recuerda ni cuándo ni cómo sucedió, pero yo sí recuerdo que en diciembre de 2010, en el puente de la Constitución, los controladores de vuelo se pusieron en huelga y colapsaron los aeropuertos, dejando en tierra a miles de pasajeros y provocando un caos aéreo sin precedentes en la historia de este país. Por lo que sabemos, la huelga se debía a unas exigencias económicas de un colectivo que está -en general- muy bien pagado. En diciembre de 2010 la crisis económica apretaba fuerte y había miles de familias que lo estaban pasando muy mal, pero a los controladores no les importó un pimiento. Hicieron su huelga, obligaron a cancelar cientos de vuelos y arruinaron las vacaciones de mucha gente que había trabajado duro durante mucho tiempo para hacer el viaje. Todo eso -repito- les dio igual. A ellos, funcionarios privilegiados que controlan sus propios exámenes de acceso, sólo les preocupaban sus sueldos, muy generosos, insisto, y mucho mejores que los de la mayoría de la población.

Y lo más increíble de todo es que después de aquella huelga, que puso el país patas arriba y que les costó millones de euros a los contribuyentes y a los pasajeros y a las compañías aéreas, no pasó nada. No hubo proceso, ni hubo multas, ni hubo despidos. Nada. Como si no hubiera pasado nada. O como si todo hubiera sido una especie de gymkhana organizada para entretener a los pasajeros aburridos.

Ahora, por fin, sabemos que doscientos controladores han sido procesados por aquellos hechos. Comprendo que es un mal trago y que muchos de estos controladores lo van a pasar mal, pero también deberían habérselo pensado un poquito antes de emprender la acción que emprendieron. Mucha gente perdió su dinero por una disputa salarial muy menor, sobre todo si tenemos en cuenta las circunstancias económicas en que vivíamos aquí en diciembre de 2010, con salarios recortados y presiones y amenazas de todo tipo. Se mire como se mire, era una temeridad organizar una huelga de controladores en pleno puente festivo, y más aún en un país que vivía y vive del turismo y que no tiene muchos otros medios de subsistencia. ¿No se lo deberían haber pensado un poco los controladores antes de hacer lo que hicieron? Y es verdad que estamos acostumbrados a que aquí nunca pase nada, pero ahora, por primera vez en mucho tiempo, parece que las cosas están cambiando. Muy, muy despacio, pero están cambiando.

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