Cuchillo sin filo

Francisco Correal

En la pensión de Inés

PRESENTÓ su libro en el mismo hotel Los Lebreros donde hace 22 años, un 5 de mayo de 1986, Pedro J. Ramírez nos lo confirmó en una comida como nuevo director de Diario 16 Andalucía. La víspera de la final de la Copa de Europa que el Barcelona, el equipo de Francisco Rosell, perdió en el Sánchez Pizjuán con el Steaua de Bucarest. El libro se titula Treinta años de nada (foto de Chaves en la portada firmada por Conchitina), cuya lectura es paralela a la relectura de un libro inédito que yo titularía Treinta años de mucho.

No volveré a llamarle Francisco en esta columna. El Paco de tocayo es tratamiento obligado -onomatopeya de los francotiradores, pero ésa es otra historia- para quienes como nosotros compartimos pueblo, academia de mecanografía (el canon del asdfgh de la escuela de don Teodoro), residencia de estudiantes en Chamartín, pensión de Inés (calle Alonso el Sabio, antes Burro), compañía de seguros y un par de periódicos en los que dejamos unos cuantos años de aquellas vidas incipientes. La primera vez que vi a Paco Rosell, a quien fue mi director en el Polígono Calonge y ahora lo es de El Mundo Andalucía, creo que fue jugando al tenis en las pistas de la piscina municipal de nuestro pueblo común. Recordando sus habilidades con la raqueta, entiendo que pusiera tanto afán en hacerse director de periódico. Porque Rosell es un director de periódico que de mayor quería ser periodista, no al revés. Y era una gozada ver a un paisano, a un vecino (las calles Goya y Benavente de Puertollano están separadas apenas por una plaza, un colegio y la iglesia de San José) presentando un libro con tan buenos espadas. Faltó Julio Anguita, que había tenido problemas con el bay-pass, y le escoltaban Alejandro Rojas-Marcos y Javier Arenas.

El tiempo nos hizo andaluces a los dos, ahora que con los recuerdos del pacto de Antequera que cubrimos como bisoños reporteros celebramos la festividad de san Plácido. El breve mandato del juez que nació en Tánger es el contrapunto del antihéroe del libro, el hombre del tiempo, Manuel Chaves, que también nació en el norte de África, ceutí como Pirri. Entre el público estaba Plácido, el mayor de los once hijos del primer presidente de la Junta. El letrado se vio interpelado por dos afirmaciones de Rojas-Marcos. En ambos casos, Plácido le dio la razón. Cuando el dirigente andalucista puso en entredicho el andalucismo de Fernández-Viagas, su hijo mantenía que "es verdad, mi padre era tangerino y españolista". Plácido fue el único de los presentes que aplaudió a Rojas-Marcos cuando dijo que la única oposición al Régimen de Franco fue la del Partido Comunista. Los socialistas estaban empollando Derecho y haciendo tortillas sin huevos.

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