La ciudad y los días

Carlos Colón

El precioso lazo de la continuidad

QUÉ más da que pongan estatuas que reúnan "mejores condiciones estéticas" que las que se están poniendo, como ha dicho el delegado de Cultura, si la que no reúne mejores condiciones estéticas es la Sevilla en que las están poniendo? De perdidos, al río. ¿Son más mamarrachas las esculturas de Manolo Valdés que la propia, horrenda, Alameda en la que han estado expuestas? ¿Es más mamarracha la esculturita dedicada a Clara Campoamor (gran mujer que merecía mejor homenaje) que el mamarracho de la Pescadería? En cuanto a las esculturas de quita y pon de Baltasar Lobo que también se han instalado en la Pescadería, son muchísimo mejores, con su divertida estética a lo Familia Cebolleta de Vázquez o Familia Trapisonda (un grupito que es la monda) de Ibáñez, que la basura con pretensiones de modernidad en la que han convertido San Isidoro, la Alfalfa y la Pescadería (y en la que convertirán -sin que Cultura mueva un dedo para evitarlo- la plaza del Salvador, alcanzada después de la Semana Santa por la peste de La piel sensible).

Sé que escribir sobre estas cosas en Sevilla es tan inútil hoy, a principios del siglo XXI y en democracia, como en los años sesenta, a mediados del siglo pasado y bajo una dictadura. Porque el problema no es político, como creíamos los ilusos, ni tiene que ver con el mal gusto que atribuíamos al grosero concepto de desarrollo propio de aquel régimen y aquellos años. Tiene que ver con los sevillanos, con su agresivo mal gusto, con su culpable pasividad, con su desprecio por la belleza, con su naturaleza de herederos pródigos que, en tres generaciones, han despilfarrado el legado histórico de la ciudad tal y como otros sevillanos mejores que ellos la fueron haciendo en el curso del tiempo.

Qué bien demostró conocerla Luis Cernuda -tan bien que la dejó- cuando escribió sobre Sevilla: "Qué desolación. No tener presente, pase; pero no tenerlo y destruir además el pasado admirableý". También escribió el esquivo poeta en su texto sobre Góngora: "Entre nosotros no se continúa el esfuerzo hecho por los que nos precedieron. Cada español se enfrenta con el mundo como un primitivo, mirando, sintiendo, comprendiendo, como si nadie antes que él hubiera mirado, sentido y comprendido. Falta el lazo precioso de la continuidad, de la tradicióný Lo ganado por el hombre, debe ser siempre precioso para el hombre". Llamarnos primitivos es favor que nos hace Cernuda. Cromañones o atapuercos somos, por nuestro bárbaro maltrato a los frutos del esfuerzo hecho por los que nos precedieron y nuestro brutal desprecio hacia el precioso lazo de la continuidad.

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