Al punto

Juan Ojeda

El problema no es el congreso

COMIENZO por reconocer que le debo una al maestro Ignacio Martínez. Lo explico. Poco después de la sustitución de Chaves por Griñan, yo escribí en esta misma columna que el congreso del PSOE andaluz se celebraría después de las elecciones autonómicas, porque no se veía la necesidad, en función de cómo se había hecho el relevo, y de la amistad entre ambos, de adelantar un cónclave que no tendría otro objetivo que evitar una bicefalia que, en este caso, no se presentaba conflictiva. Pero Ignacio apostaba porque el congreso se convocaría mucho antes, y acertó. Así que yo pago la comida.

Pero que conste que, en aquel momento, yo tenía mis razones. El planteamiento interno que se había hecho en la cúpula del PSOE andaluz era llegar hasta las autonómicas con Chaves de secretario general y Griñán de presidente de la Junta y candidato. Veían buena esa situación. Pero el hombre propone y el dios de la política dispone. Y donde parecía que no iba a haber conflicto, lo hubo. De forma que, sin que se sepa muy bien por qué, comenzó a plantearse el tema del liderazgo, no el parcial, es decir cada uno en su ámbito, partido y gobierno, sino el total o el consolidado, como se refleja en los balances empresariales.

Posiblemente, ninguno buscó la colisión pero, en política, hay muchas veces en que cuenta tanto lo que se dice que pasa como lo que de verdad pasa. Y se creó el problema, que siguió engordando, ya de cara a la opinión pública y publicada, porque hay que reconocer que el tema, periodísticamente, es jugoso. La bicefalia se había hecho imposible y la discusión sobre el liderazgo perjudicaba a un partido que gobierna y que tiene que hacer frente a una crisis como la que estamos viviendo.

En esto que llegó la encuesta del IESA, que, por vez primera, le daba la victoria al PP en Andalucía. Sería ingenuo pensar que la ventaja del PP de Arenas no ha influido, como una luz roja, en las filas socialistas.

Es evidente que Griñán -que a lo largo de su dilatada trayectoria política nunca ha ejercido una destacada actividad partidista- no había valorado bien, hasta ahora, la importancia del control del aparato del PSOE andaluz, quizás el más potente de España. Ese descontrol, agravado por el desconcierto que existe, dentro y fuera de las filas socialistas, con respecto a la errática política con que nos obsequia Zapatero -ése es un tema para otro lunes - no se puede mantener si se quiere hacer frente al difícil momento que vivimos. Con casi un millón de parados en Andalucía, con un negro presente y un incierto futuro, el problema no es el congreso.

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