las dos orillas

José Joaquín León

El progreso de Sevilla

UNA de las grandes tonterías que se han inventado sobre Sevilla en los últimos años es decir que las tradiciones (o sea la Semana Santa y la Feria) tienen la culpa de que la ciudad no progrese más. Esto lo suelen decir algunos que se las dan de progres con esa pose. Una curiosidad es repasar la lista de provincias con mayor renta per cápita de España, para ver quién gobierna en los lugares con más renta y quién en los de menos. Quizá eso también influye un poco. O será casualidad. Sin embargo, lo de echarle la culpa a las tradiciones no es una casualidad, sino una tontería, y se puede demostrar con datos.

Después de la Semana Santa, es costumbre que el alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, y la teniente de alcalde delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto-Castro, ofrezcan datos estadísticos. Éste será su último balance de Semana Santa, ahora todo es lo último, porque están a la vista las elecciones. Pues en los anteriores, y en otros estudios, incluso se cuantificó. Según un estudio de la Universidad de Sevilla, que presentó Luis Palma, se valoró que la Semana Santa aporta unos 240,3 millones de euros a la economía local, lo que supone un 1,22% del PIB de la ciudad. No es que Sevilla viva de eso, pero tampoco es para despreciarlo. Y lo mismo se puede decir de la Feria y su entorno del mundo de los toros.

Aquí lo moderno es criticar las tradiciones de Sevilla y elogiar las de otras ciudades. ¿Cuánto le supondrá el turismo religioso a Jerusalén, a Roma, o a Santiago de Compostela? A ningún gallego inteligente se le ocurriría decir que las provincias del Norte estás más atrasadas por culpa del Camino de Santiago y el Xacobeo. Como ningún catalán sensato critica que la obra de Gaudí atraiga cada año a unos 200.000 japoneses a Barcelona. Las tradiciones de Sevilla no se hacen para el turismo, sino por y para los sevillanos. Y eso es lo que atrae a los turistas: conocer las costumbres de lo sevillanos, esa gente tan rara.

El Domingo de Resurrección, que es el día en que termina oficialmente la Semana Santa (aunque este año la lluvia se la ha cargado), sólo queda en las calles la procesión del Resucitado. Pero es también un día de muchos ritos en Sevilla: los tenemos en la misa del azahar de San Antonio Abad, en el reencuentro con el Cachorro en Triana, en la Anunciación para visitar a la Virgen del Valle y en otras cofradías. Por la tarde, se diría que se dividen los tiempos, que los toros en la plaza de la Real Maestranza (ya sin Curro Romero, que era parte de la tradición) marcan a su modo el tiempo nuevo de la Pascua florida, que es más de sevillanas que de Campanilleros o Amarguras. Todo eso te puede gustar o no, pero echarle la culpa de los males de Sevilla es una gran necedad.

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