La ventana

Luis Carlos Peris

De pronto, Iñaki dijo ¿esto es así?

POSIBLEMENTE los adentros ya andaban en tenguerengue desde que María Esperanza musitase el fantástico soneto que Juan Sierra le dedicó al Gran Poder, o desde antes, quizá desde el principio cuando recitó acompasadamente lo que Rodríguez Buzón dijo de la Macarena en el pregón de pregones. Lo cierto es que sólo faltaba la saeta hiriente, volcánica, de Manuel Cuevas para que el cuerpo se pusiera de forma que la sensibilidad quedaba definitivamente al pairo de lo que estuviera por venir. Y lo que vino tuvo tela, que fue ese pregón que uno anda buscando por las esquinas. Ese pregón donde no tuvieran cabida el ripio ni el tópico, el manido lugar común ni tampoco el indigerible sermón cuaresmal. Fue antier noche en la vieja Audiencia cuando los adentros se encogieron oyendo qué es Sevilla en Semana Santa para un donostiarra como Iñaki Gabilondo.

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