Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

Lo que no pudo el '¡Hola!'

SALIR en el ¡Hola! es, para los protagonistas de nuestra agenda social, algo similar a lo que pudiera suponerle a un escritor llevarse el Planeta bajo el brazo. Da prestigio, seriedad y, encima, suele ir acompañado de una exclusiva que, en cantidad, nada tiene que envidiar a la del premio literario mencionado. Muchos famosos sueñan con salir en ese papel cuché. Estrella Morente y Javier Conde, no. Al menos no vendiendo su intimidad. Por eso nos quedamos tan sorprendidos todos los espectadores del Mano a mano de Cajasol el pasado miércoles cuando, el diestro y la cantaora, confesaron ciertos detalles de su vida privada. Él más que ella, la verdad, que para eso el maestro se prodiga más en discurso. "¡No me pidas que cuente lo que las revistas han querido y no han podido!", bromeaba la artista con José Enrique Moreno, presentador de este exitoso acto donde cada mes se confrontan en Sevilla grandes figuras de la lidia con otros no menos importantes personajes de la farándula. Era la primera vez que la pareja aceptaba compartir una misma confesión pública y, gracias a ella, pudimos enterarnos, por ejemplo, de que Javier pidió la mano de su mujer al gran Enrique Morente en unas bodegas del Puerto de Santa María. El suegro, aceptando la proposición, llamó a su hija y le advirtió: "Cuando se torea, no se canta", matizando así que ninguna actuación supera en importancia una corrida. También supimos la opinión de Estrella respecto a su marido. Primero, cantando, que es como sabe decir mejor las cosas: "Mira que eres lindo, que precioso eresý Verdad que en el mundo no hay otro torero más guapo que túý". Y luego, con sus palabras escuetas y claras: "Javier es bueno. Si tiene que concentrarse antes de una corrida y pasa dos o tres días sin hablar, hay que entenderlo. Necesita que su entorno esté pendiente suya". Moraleja: Lo tengo cada vez más claro. Cuando alguien no quiere pronunciarse sobre un tema, mejor no presionarlo porque, sólo sintiéndose realmente a gusto, resultará mucho más fácil que se confiese. Cuesta admitirlo pero no todo lo compra el dinero.

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