La ciudad y los días

Carlos Colón

Lo que no puede ser y además...

EL domingo el alcalde pidió a todos los sevillanos un esfuerzo colectivo para superar la crisis y el lunes su voto de calidad resolvió el empate entre PSOE y PP, tras abstenerse IU, logrando que el Pleno del Ayuntamiento aprobara la modificación presupuestaria de 13 millones de euros para completar la financiación del segundo modificado del Metropol Parasol. ¿Un esfuerzo colectivo para que en tiempos de crisis se siga tirando el dinero en un proyecto "inviable" desde su inicio? Que lo haga tu tía, dirá con razón quien no esté cogido por los… Bueno, por la nómina.

Si Churchill hubiera prometido sangre, sudor y lágrimas refugiado en una playa tropical y partido de risa, los ingleses lo habrían mandado al cuerno. Se pueden pedir sacrificios de cualquier tipo cuando quien lo hace se suma a ellos responsablemente. Pedir un día un esfuerzo colectivo y al otro tirar a la basura arquitectónica 13 millones de euros que se suman al escandaloso sobrecoste del 70% de este proyecto antiguo antes de estar terminado y viejo antes de inaugurarse, que comenzó con un presupuesto de 51,2 millones de euros y va por 89,6, entra en la categoría de "lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible" que decía Guerrita.

Y todo para nada, porque lo mejor que se podría haber hecho con este proyecto es abortarlo en mayo de 2007 cuando, según el reciente informe del secretario general del Ayuntamiento de Sevilla, "se concluye que la estructura tal y como está concebida no es realizable". Y lo mejor que se podría hacer ahora sería volarlo controladamente y exigir responsabilidades a los técnicos y los políticos que nos han embarcado a todos en este disparate. Se ha preferido la huida hacia delante pagada por todos los ciudadanos a los que se les piden sacrificios y esfuerzos colectivos para salir de la crisis.

Todo mientras se hace público que, cual si fuera el coche fantástico de David Hasselholff, el automóvil oficial del alcalde le siguió por tierra mientras él volaba a Barcelona. Como ha denunciado el Sindicato Unificado de Policía, "el alcalde de Sevilla va a Barcelona a la final y envía su coche oficial 1.100 kilómetros por carretera con chófer y escolta para que lo recoja según se baja del avión. ¿No hay taxis en Barcelona? ¿Es humillante para un alcalde ir en taxi? Si el coche fuera suyo y lo pagara con su dinero, nada que objetar, pero el coche lo pagamos todos". Lo mismo se puede decir del churro de la Encarnación, daños patrimoniales aparte. Pero resulta que tanto el disparate inicial como el sobrecoste del 70% lo pagamos todos nosotros. Toma esfuerzo colectivo.

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