desde el fénix

José Ramón Del Río

Mis recuerdos de Fraga

COMO fui presidente de Alianza Popular en Cádiz, parlamentario andaluz, miembro del comité ejecutivo nacional, encargado de sus magras finanzas y presidente del comité electoral nacional, tuve abundantes ocasiones para tratar al recientemente fallecido fundador de ese partido y luego refundador de lo que hoy es el PP. Adelanto que yo no era, precisamente, de sus preferidos, como lo eran, entre otros, Antonio Hernández Mancha y Miguel Arias, pero me respetaba, cosa de la que no podían presumir todos los que colaborábamos con él, para que, ante el descalabro de la UCD, existiera una opción de centro derecha, que pudiera ser alternativa al socialismo, que había arrasado en las elecciones de octubre de 1982.

De sus virtudes, que eran muchas y de sus defectos, que no eran pocos, se han escrito en estos días muchas crónicas. A mí me pareció siempre un gran hombre, con el que era difícil convivir. Tengo multitud de anécdotas y voy a relatar algunas, que pueden dibujar su personalidad mejor que su biografía. Por ejemplo, recuerdo que, haciendo campaña en Sánlucar de Barrameda, me advirtieron de que nos esperaban al otro lado de la calle para lanzarnos huevos. Le dije que nos convenía cruzar ya la calle, evitando el paso de peatones, donde nos esperaban: "Querido amigo, yo siempre cruzo por el paso habilitado". Sólo Rodrigo Rato le acompañó en su ruta y ambos recibieron una lluvia de docenas de huevos. Ya en el coche, relajado, comentábamos que le habían estropeado el traje, de color marrón, con rayas rojas y azules y nos dijo que se lo habían regalado los afiliados de Murcia y para consolarle le convencimos que el traje era feísimo, como en efecto lo era.

En el coche se sentaba junto al conductor e iba hojeando los periódicos, de los que arrancaba las paginas de las noticias que le interesaban, para leerlas más tarde y el resto del periódico lo revoleaba hacía atrás, a pique de dejarnos tuertos. En una cacería de perdices no oyó la trompeta que indicaba el final de la cacería y mató una perdiz que, por la altura a la que volaba más bien parecía una golondrina. El lugareño que le acompañaba se volvió hacía mí y me dijo, sentenciosamente: "¡Hay que ver lo que es el sino de los animales!". Encabezó la lista al Parlamento Europeo en la ocasión en la que yo presidía el comité electoral. En la rueda de prensa que di para presentar la candidatura se aprovechó de la primera pausa que hice en mi intervención para tomar la palabra y cuando acabó con la suya, se puso en pie y dio por terminada la convocatoria.

Yo le recuerdo con afecto. Creo que ha hecho mucho por España y seguro que se ha quedado con ganas de hacer más. Descanse en paz.

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