Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Los redaños de Diego Costa, indiscutibles

ALGUIEN ha comparado la decisión de Diego Costa con la que a mediados de los sesenta tomó José Armando Ufarte. Nada que ver una cosa con la otra por mucho que exista el punto común de que ambos han preferido jugar con España. Casos con ciertos puntos comunes, pero muy distintos. Ufarte era gallego y Costa no. Ufarte nunca pensó en volver a Brasil y Costa tiene a toda su familia en Lagarto, un pueblo del Brasil más profundo.

A bote pronto no tengo más remedio que decir que Costa le ha echado al asunto muchos bemoles. Nadie en Brasil comprende cómo un brasileño renuncia a enfundarse la verde amarelha. Vestir esa zamarra es la ilusión mayor de todo niño brasileño, ya sea carioca, minero, paulista o bahiano. Pero esos redaños que Costa ha demostrado fuera tras mostrarlos cada vez que se viste de corto han organizado un tsunami en Brasil que a ver qué seguridad hay que ponerle cuando vuelva por allí.

De momento pretenden los mandarines futbolísticos que se le retire la nacionalidad brasileña, lo que explica de forma palmaria el clima de paroxismo que el muchacho ha creado a su alrededor. Ufarte era conocido en Brasil como Español y así figuraba en la alineación de Flamengo hasta que Vicente Calderón lo fichó para el Atlético de Madrid. Además, en el puesto de Ufarte, Brasil tenía a cierto extremo de Botafogo que atendía por Mané Garrincha, casi nada al aparato.

A aquella Brasil todopoderosa le dio igual que Ufarte jugase con España, al fin y al cabo una selección que apenas le ganaba a alguien. Esto de ahora tiene una carga química en sus entrañas que se prevé como de incalculables consecuencias. Contando conque Costa estará en el Mundial, ¿cómo será el entorno de la tropa de Del Bosque? ¿Cuántos guardaespaldas habrá que ponerle al hombre que renegó de su país? La verdad es que el chico los tiene muy bien puestos.

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