Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

El retorno de la confianza

EL euro no sólo no proporcionó el oxígeno monetario que necesitó la economía española en los peores momentos de la crisis, sino que favoreció un reajuste interno de capitales que llevó a la prima de riesgo española hasta el precipicio de los 600 puntos básicos a finales de 2012. Casi nadie había oído hablar de ella hasta entonces, pero aprendimos rápidamente su significado: los mercados financieros desconfiaban de la capacidad de nuestra economía para hacer frente a sus compromisos de pago. Los capitales que hasta entonces nos habían prestado con generosidad comenzaron a desplazarse a otros mercados más seguros, y los que se quedaron comenzaron a elevar sus exigencias de rentabilidad. En Grecia fue bastante peor y también en Portugal e Irlanda y, entre todos, conseguimos construir una evidencia abrumadora de la imprudencia cometida al ignorar las advertencias de análisis económico sobre las condiciones imprescindibles para el correcto funcionamiento de un proceso de integración monetaria. Entre ellas, las que se refieren a la disciplina macroeconómica para frenar el contagio de los desequilibrios y a la sincronía de los ciclos económicos para que las políticas comunes puedan aplicarse.

Todo parece estar cambiando de un tiempo a esta parte. La prima de riesgo dejó atrás la barrera de los 200 puntos básicos y se prepara para cruzar la de los 150, al mismo tiempo que el Íbex 35 consolida la recuperación de los 10.000, después de deambular por debajo de los 7.000 durante el tercer trimestre de 2012. 153 es también el volumen de puntos básicos del spread que se pagaba a finales de 2013 por el aseguramiento financiero de la deuda pública española, tras registrar el quinto recorte más importante del mundo con respecto al tercer trimestre de ese año. El retorno de la confianza de los mercados tiene que ver, sin lugar a dudas, con las reformas impulsadas por el Gobierno y con el saneamiento y reestructuración del sector financiero, pero conviene tener en cuenta que la mejora también es perceptible en el resto de los países mediterráneos, lo que significa que también debe haber causas importantes de carácter externo. Es probable que una parte de la fuga de capitales de las economías emergentes, tras las tensiones monetarias de los últimos meses, haya sucumbido ante la elevada rentabilidad de la deuda pública en Europa, pero sin duda la explicación fundamental está en el cambio de orientación en la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE), tras el acceso de Mario Draghi a la presidencia. La realidad es que con el retorno de la confianza también se facilita la financiación, aunque esto no signifique la erradicación completa de todos los obstáculos, entre ellos, la amenaza de deflación, que supone un aumento considerable de los costes de financiación como consecuencia de la elevación de los tipos de interés real. A ello hay que añadir la resistencia del Gobierno a la reforma en profundidad del sector público y el reducido alcance de la reforma fiscal, la enorme carga del desempleo, la erosión que supone el deterioro del sistema institucional y el aumento de las desigualdades y los problemas de exclusión social.

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