El balcón

Ignacio / Martínez

El rey chico

HACE unos días, José María Aznar hizo una diatriba contra el populismo en el Campus de su Fundación FAES. Dijo que el populismo llega al poder para vaciar las instituciones y perpetuarse. Y subrayó que la primera regla para defender la democracia es no pactar con populistas. La afirmación pretendía descalificar al moderno populismo de Podemos, que José Ignacio Torreblanca ha definido como leninismo 3.0. También denigraba la alianza de conveniencia que ha hecho el PSOE con las huestes de Pablo Iglesias.

Pero el líder de la derecha española se olvidaba de los populistas de su casa. El populismo busca conectar con los sentimientos más elementales de los ciudadanos con múltiples repertorios e ideologías. Sin ir más lejos, una de las grandes campeonas del populismo español ha sido Esperanza Aguirre, ministra en el Gobierno Aznar y ferviente seguidora. Hay versiones de menor talla política, que consiguen sus minutos de gloria. Por ejemplo, el alcalde de Granada.

No es la primera vez que el populismo castizo de Torres Hurtado consigue titulares nacionales. Pero la ocurrencia de esta semana supera anteriores proezas. Para sugerir una indumentaria informal en la celebración de unos premios académicos, al alcalde granadino no se le ocurrió mejor gracia que decir que las mujeres, cuanto más desnudas, más elegantes, y los hombres, cuanto más vestidos, más elegantes.

Sin salir de su ambiente, el alcalde protagonizó hace un año un papel estelar en una pantomima de boda en el Palacio de Carlos V, del hijo de la actriz Audrey Hepburn, con la novia vestida de blancos tiros largos y el alcalde portando su collar de las grandes celebraciones. Se supone que eran parte del atrezo y mobiliario municipal desplazado al lugar para atender el capricho de un amigo personal. ¡Disfraces! Luego se contó que aquello no era más que un concierto. El asunto, encima, ha servido de munición en la ofensiva final contra Mar Villafranca, directora de la Alhambra y persona poco apreciada por el peculiar político. En una de sus desavenencias en público, Torres Hurtado tiró de su peculiar gracejo para zaherir a la historiadora del arte y la piropeó con sarcasmo: "¡sultanita!". El gesto descortés tuvo una festiva respuesta a bote pronto: "¡rey chico!".

Ciudadanos hizo el amago de solicitar el relevo de Torres Hurtado para apoyar al PP en la Alcaldía de Granada. En La Rioja incluso lo llevó a cabo. Aquí tiene ahora ocasión para volver sobre su idea primitiva. Los populistas viven de la ocurrencia fácil y a veces son víctimas de su tendencia al pensamiento diminuto. O chico...

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