PASA LA VIDA

Somos a sabiendas una cantera para transferir riqueza y poder a otros

SE quejaba recientemente la consejera de la Presidencia, Mar Moreno, de la percepción negativa que los medios de comunicación nacionales transmiten de las autonomías; de centrarse casi en exclusiva en los conflictos políticos relacionados con el País Vasco y Cataluña, y de tener escasa sensibilidad hacia Andalucía. Todo eso es verdad. Pero la Andalucía política es culpable en grado sumo de perpetuar esa ley del embudo. Vamos camino de que Andalucía, salvo para ser granero de votos y escaños que sustenten la ejecutoria nacional del PSOE, pinte menos que Albacete o La Rioja. Nos enmiendan la plana en la conservación del litoral de Doñana, y con razón. Le dicen a todo un histórico como Griñán que deje de pedir más capacidad de endeudamiento. Se fragua en el Tribunal Constitucional un varapalo mayúsculo al Estatuto del Guadalquivir, inducido desde otras comunidades gobernadas por los socialistas. Le dan la patada hacia arriba al presidente de la Junta que, pese a su cargo honorífico al frente del partido, es el vicepresidente con menos influencia en La Moncloa. Y nuestros diputados, todos a una porque lo manda el comandante en jefe, votarán a favor de las transferencias que el PNV le ha arrancado a Zapatero para el País Vasco a cambio de su respaldo al Presupuesto 2011. Y además lo justificarán, y le tocarán las palmas a quien haga falta.

Nada nuevo bajo el sol embotellado del poder. El voto de un ecijano vale mucho menos que el del irunés o el leridano. Las bisagras de las mayorías absolutas siempre son vascas o catalanas. Año tras año se van engrasando y sus representantes rebañan por allí o sonsacan por allá. A un tema tan importante para el presente como la negociación PSOE-PNV, lo que aporta Andalucía para significarse al mismo tiempo en la política nacional es la indemnización, con 28 años de dominio socialista en el BOJA de retraso, a las pocas mujeres supervivientes de las que fueron ultrajadas por los vencedores de la Guerra Civil. Cómo vamos a quejarnos de la imagen de Andalucía que proyectan desde Madrid si somos cómplices de seguir siendo solamente una cantera de la que transferir la renta y el sufragio hacia otras comunidades y en favor de intereses contrapuestos a los de Andalucía. Con estas reglas del juego, Andalucía es la tonta del bote.

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