Alto y claro

josé Antonio / carrizosa

Que se sepa

ESPERO que no se lleven las manos a la cabeza y me consideren una personas sin principios si arranco este comentario proclamando que no me sorprende demasiado que el ministro del Interior de Rajoy urdiera en su despacho turbias maniobras para hundir a sus rivales políticos en plena ofensiva independentista en Cataluña, tal y como se ha revelado en unas grabaciones oportunamente filtradas en el último tramo de esta extraña y, hasta ahora, previsible campaña electoral. Como tampoco me escandaliza saber, salvando todas las distancias históricas, que no son pocas, que en los años de plomo de ETA, cuando lo muertos se contaban por decenas y Francia era un santuario seguro para los terroristas, desde el mismo Ministerio de Felipe González se pensaran maniobras de guerra sucia al margen de cualquier legalidad. Lo que de verdad me llama la atención de estas acciones es que se sepan. En el caso que nos ocupa, que una conversación privada celebrada en el despacho del ministro haya podido ser grabada no se sabe a través de qué extraños mecanismos es algo que escapa a cualquier comprensión. ¿En qué manos estamos cuando el máximo responsable de la Seguridad del Estado queda al descubierto a través de la manipulación de un teléfono móvil? Mucho me temo que más que ante una sofisticada operación de espionaje propia de Kim Philby y Los cinco de Cambridge durante la Guerra Fría estamos ante una chapuza de profesor Bacterio y Mortadelo y Filemón.

El ministro Jorge Fernández Díaz debería abandonar su cargo y desaparecer para siempre de la escena. No sólo por este episodio que lo sitúa más en la esfera del despropósito que en la del conspirador avezado. Acumula meteduras de pata tan notables como su reunión con Rato en ese mismo despacho que parece de cristal y otras que también, como en esta ocasión, han comprometido al presidente del Gobierno. No está dotado el ministro para las sutilezas propias de la política fina y eso se termina pagando.

Lo cierto es que su torpeza ha dinamitado la fase final de una campaña en la que el PP lo que menos necesitaba era un escándalo de micrófonos ocultos y conspiraciones de salón. Con Rajoy llevando la mochila que lleva a cuenta de los casos de corrupción que soporta su partido, lo que se ha sabido ahora añade más leña para que la echen al fuego sus rivales, que se están empleando a fondo. El presidente del Gobierno, por la mañana, apela a la moderación y a la necesidad de un voto útil que pare los pies a Podemos y por la tarde se tiene que dedicar a echar balones fuera por la incompetencia de su ministro. Así les va.

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