Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

El sexto dedo

ESTOY encantado con los nuevos zapatos de Antonio Berardi y Marc Jacobs. O con las propuestas de Jil Sander que, igual que las anteriores firmas, invitan a que las señoras desafíen las leyes de la gravedad subidas en modelos que, sin tacón en algunos casos, las hacen, para ir alzadas, caminar casi de puntillas. Reinterpretar lo clásico es lo más chic y lo mismo que se practica en otros campos, como la pintura o la escultura, en lo tocante a la moda -cuyas creaciones se exponen también en los museos y, por tanto, algún mérito artístico deben tener- no va a ser menos.

El problema es que ir contra natura tiene sus consecuencias y, lucir caprichos como estos que, en algunas ocasiones, llegan a alcanzar precios realmente desorbitados, puede suponer, por ejemplo, la aparición de lo que he bautizado como "el sexto dedo" (popularmente conocido como juanetes a raíz de un antiguo dicho que rezaba: "A Juan le salió un Juanete").

De tan espantosa protuberancia, una de sus más orgullosas embajadoras, es nuestra añorada Victoria Beckham quien, desde que está en Estados Unidos, tiene menos portadas que María Jesús y su acordeón. La ex Spice no tiene inconveniente, siguiendo no sé qué normas de estilo, en desnudar sus pinreles para espantar a quienes, una mañana de domingo como la de hoy, echamos una ojeada a las revistas.

Muy de cerca le siguen divas como Halle Berry, Paris Hilton o Naomi Campbell, trío cuya belleza empieza a flaquear conforme uno desciende por su generosa anatomía y descubre que, en lugar de diez, son doce -o catorce, porque algunas hacen doblete-, los deditos de sus piececitos. Claro que nada comparado con los descuidados callos que ha dejado en evidencia alguna vez Anna Kournikova, una de las más necesitadas de un podólogo en este grupo.

Ha llegado el verano y, con él, el minimalismo de nuestra vestimenta. Desnudamos hombros, escote y piernas pero, si más abajo el panorama es como lo acabo de pintar, declinemos las sandalias y las chanclas. Siempre es conveniente guardar algún secreto.

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