tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Sin sobresaltos

RAJOY abandona el rellano de la escalera y lo hace tomando la buena dirección. Subiendo. Una dirección que indica liderazgo y autonomía. No apabulla con un giro extremo, sino que entiende que su saldo electoral es tributario del centro. Así se refleja en el Gobierno, carente de figuras de la derecha más rancia, que analizó con acierto, en diversos estudios sociológicos, José Ignacio Wert, el nuevo ministro de Educación.

La mayoría parlamentaria de Rajoy es un capital espléndido para rebajar la crispación de una España polarizada en exceso, donde las virtudes de la alternancia parecen reducirse a las cuestiones pasionales de una liga deportiva. Un paso necesario, que la izquierda dio de forma ejemplar, contribuyendo a la normalización democrática y no al revanchismo. Una oportunidad para la convergencia con el mejor perfil de otras naciones europeas. El presidente no debiera hacer de la bandera patrimonio exclusivo de un partido, ni del bajo palio resguardo privilegiado de creencias muy respetables, por ser incompatible con la laicidad que demanda la preeminencia de la política en democracia.

A los socialistas les perjudicó la degradación discursiva de una derecha parapetada en las estrategias de confrontación, con el retorno tácito a la lógica infame de las dos Españas, que hizo de muchos logros extraordinarios diana de tiro continuo. Una degradación progresiva, amplificada por los altavoces mediáticos, que ha terminado por desprestigiar a la clase política y a los propios medios. Y, bajo el volcán, la mano larga de la corrupción. Con ser centrales los objetivos económicos, sujetos a diktakts externos, el Gobierno nace con autonomía para abordar la regeneración de la vida política y poner sordina a la derecha montaraz, esto es, para enterrar definitivamente el franquismo residual.

Populares y socialistas, pero no sólo ellos, comparten un mismo problema: la necesidad de crear pasarelas generacionales hacia los relevos del futuro. Con soluciones que, desde la indignación, apelan a un cambio profundo de las prácticas políticas. Gestores honestos y recortes drásticos del cinismo y la opacidad que han llevado a las horas bajas de la vida pública. Es insostenible la división del país en dos grandes tribus, de buenos y malos, mientras las periferias buscan líneas de fuga... La España hoy más instruida, que no se reconoce en la imagen política del pasado, es refractaria a la estrategia basada en las argumentaciones pasionales de bajo perfil. Las encuestas devalúan el alcance estético de las mayorías cuando, en la percepción de la opinión pública, la clase política suspende en junio y en septiembre...

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