la tribuna

M. Alejandro Cardenete

La subida de los tipos de interés

EN los últimos días hemos venido recibiendo las previsiones de crecimiento de la economía española para 2011. El Servicio de Estudios de la Caixa ha dado un crecimiento de 0,7% del Producto Interior Bruto. El de Banesto un 0,8%, al igual que el Banco de España. Y el Gobierno sigue manteniendo el 1,3%. Todos estos datos siguen siendo manifiestamente insuficientes para plantearse que 2011 va a ser el año de la recuperación. Mientras no se crezca por encima del 2,5%, como mínimo, en la economía española se sigue destruyendo empleo -el Banco de España da para el 2012 el 1,5%-. Por lo tanto, insuficiente.

Pero el problema es aún mayor. Ninguno de los modelos de previsión económica está pudiendo aún captar las nuevas condiciones de la economía internacional. En economía nos movemos siempre con la premisa del ceteris paribus, esto es, que los modelos funcionarán y en su caso acertarán si las condiciones del entorno no son cambiantes. Nuestros modelos de previsión funcionan como los partes meteorológicos. Si no hay cambios imprevistos en los vientos, temperatura de las diferentes capas de la atmósfera o demás, el parte del tiempo acertará. ¿Cuándo fallan más los partes meteorológicos? Pues en primavera y en otoño, cuando las condiciones ambientales son más cambiantes.

Pues en ésas estamos los economistas. Cada día tenemos acontecimientos que invalidan las previsiones: movimientos políticos -y bélicos- en el norte de África, subidas del precio del petróleo, crisis nuclear en Japón, reconversión del sistema financiero, subida del precio de los alimentos en origen y, por último, inflación, entre otros. Y este último acontecimiento macroeconómico va a ser el verdadero precursor de un 2011 que será mejor no recordar -y estamos en abril-.

En la Eurozona tenemos una política monetaria común. Esto quiere decir que no valen recetas particulares. En estos momentos, Alemania parece estar mostrando ya signos estables de salida de la crisis. Esto se está traduciendo en crecimiento de su PIB, demanda de más mano de obra -incluso pidiendo a países como España que le mandemos trabajadores- y todo esto está empezando a provocar un repunte de la inflación. El Banco Central Europeo, y su actual gobernador, el señor Trichet, tienen claro que no van a permitir un repunte inflacionista en la zona euro. Y eso se va a traducir en una inminente subida del tipo de interés de intervención en la próxima reunión de la Comisión Ejecutiva del BCE. Los mercados ya están descontando esta subida. El Euríbor, o tipo de interés del mercado interbancario europeo, o lo que es lo mismo, el precio del dinero al que se prestan los bancos entre ellos en Europa, está subiendo ya de forma escalonada, por encima del 2%. Y Trichet no va a querer quedarse atrás y que su tipo de interés de referencia -el 1% en estos momentos- vaya totalmente por libre y sin responder al mercado.

La pregunta es, ¿y todo esto cómo nos afectará? Pues muy sencillo. De aquí a poco tiempo -meses- tendremos tipos de interés acercándose al 3%, que sumados los diferenciales que aplican las entidades financieras -medio punto, un punto, dos puntos…- harán que los tipos de interés de los préstamos hipotecarios suban por encima del 3% y del 4% de forma inminente. Todos aquellos que tengan que revisar su préstamo o quieran pedir uno nuevo notarán cómo sus cuotas subirán entre 50 euros y 80 euros cada mes, por término medio. Y aquí no quedará la cosa. Los préstamos personales, vitales para las economías domésticas, y las pólizas de créditos, vitales para las empresas, verán cómo sus tipos de interés se acercarán y superarán, en muchos casos, los dos dígitos.

Y si esto fuera poco, las entidades financieras españolas se encuentran sumidas en pleno proceso de reestructuración y con necesidades de financiación. Algo más de 15.000 millones de euros, según el Banco de España, y 20.000 millones de euros, según Moody's -elevando la cantidad a 110.000 millones de euros si la crisis internacional se agrava-. Es decir, que los bancos -ya pocas cajas quedarán-, no sólo no tendrán dinero para prestar, sino que necesitarán dinero para financiarse. Por lo tanto, el crédito seguirá restringido. Y sin gasolina, el motor no anda.

Y esto se venía venir. Se iba a producir la salida de la crisis a nivel internacional y a España le iba a coger con el paso cambiado. No estamos preparados para una subida de tipos de interés que asfixie aún más al Gobierno, por su imposibilidad de colocar deuda pública, a las economías domésticas, que no puedan hacer frente a sus pagos, y a las empresas, que no puedan tener financiación para el día a día.

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