ES tan monótona la política andaluza, con un presidente que da la impresión de que estará en el poder hasta que se jubile y también da la impresión de que no piensa jubilarse jamás, una oposición que sale a la cancha íntimamente convencida de su derrota y una ciudadanía satisfecha que declara que Andalucía necesita un cambio y vota con persistencia inaudita al partido que representa la continuidad... que lo único que revoluciona al establishment es que a Chaves se le escape una sugerencia de futuro, apenas un suspiro sobre su propia sucesión, una hipótesis de verificación lejana, un deseo que se posterga a las calendas griegas.

Tal ha sucedido el jueves, con unas palabras del presidente de la Junta indicando que le gustaría que quien le sustituya en la presidencia sea una mujer, palabras inmediatamente matizadas por su autor: el tema no corre ninguna prisa. No hay abierta ninguna carrera sucesoria. Pero, como digo, ha bastado el sonido de esta piedrecilla en el estanque para alborotar la casa socialista y sus alrededores. También a los periodistas nos gustan mucho estos falsos debates. Ya ha habido incluso encuestas sobre el apoyo a las distintas candidatas supuestas a heredar el sillón de Manuel Chaves, quien parece disfrutar provocando tales remolinos efímeros. Hace años ya se aventuró por estos derroteros hablando bien de la limitación de mandatos de los presidentes e insinuando su retirada a medio plazo. Pero en serio no lo ha dicho nunca.

Tal vez Chaves empiece a pensar en dejarlo dentro de ocho años, y por motivos de edad. ¿Se imaginan la de cosas que pueden ocurrir de aquí a ocho años? ¡Como para discutir en serio quién será presidenta de la Junta entonces! No sabemos qué partido ganará las elecciones en Andalucía, qué partido las ganará en Madrid (estos "detalles" los olvidan quienes se entregan encantados a las elucubraciones del momento), cómo evolucionará el PSOE en los dos sitios, qué trayectoria habrán seguido las presuntas precandidatas desde ahora, cómo actuarán los grupos de presión socialistas cuando se abra de verdad el melón sucesorio, incluso qué pasará con todos nosotros de aquí a 2016. Nadie puede hacer planes con tanta antelación. Ni siquiera Chaves.

Si la política es tan sólo la espuma de la vida, como sospechó Milan Kundera, la política superestructural, fulanista e hipotética debe ser algo así como un humo volátil e invisible de la existencia colectiva. Los vendedores de humo cumplen su papel proponiéndonos estas polémicas en la estratosfera del interés cotidiano. Mi único consuelo es que los demás no las compremos. El debate acerca de la sucesión de Chaves no está ni siquiera planteado. Lo ha dicho el mismo Chaves. Perdonen que les haya distraído con eso.

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