Plaza nueva

Luis Carlos Peris

¡Al suelo, que vienen los nuestros!

ATERRIZAN los Albertos en la Zarzuela para mostrarle al Rey un nuevo helicóptero, permanentemente contentos ellos con la deriva que tomó su caso judicial. Advierte el Banco de España que el sistema de pensiones pondrá en serios apuros a las arcas del Estado. La inmensa mayoría de gallegos se queda estupefacta porque el bilingüismo ha girado a lo de la lengua única, que no es la de Cervantes sino la de Castelao. Joan Laporta ensaya su enésima pirueta demagógica gritando "Viva Cataluña libre" en el afán agónico de regatear la moción de censura que planea sobre su sillón en el Camp Nou. González Urbaneja, el presidente de los periodistas, toma partido por lo exógeno al ponerse en contra del periodista que perdió el juicio con el político. Reaparecen por Tarifa los pirómanos estivales y el país se acongoja ante la nueva Malaya que ha emergido a pocos kilómetros de la primera, conque vaya paisaje y vaya paisanaje...

Paisaje inquietante para jóvenes y jóvenas, adultos y adultas, viejos y viejas. Todo es de un oscurito tenebroso, desde la inquietud que surge por la posibilidad cierta de que en breve estén las arcas públicas llenas de telarañas hasta la desmembración de la sociedad. Como en Cataluña y el País Vasco, los nacionalistas gallegos quieren que sólo se hable gallego al norte del Miño y que España sea más Torre de Babel de lo que ahora es, las posturas se enconen y la convivencia se encabrone. Eso al Noroeste, que al Sureste se oficializa una corrupción más, una de las muchas que subyacen y que proliferan ayudadas por la lentitud de la Justicia. Hoy Estepona, ayer Marbella, ¿mañana cuál?, mientras el litoral está prácticamente enladrillado y se quejan los que se forraron de que no les dejen forrarse todavía más.

Es un panorama al que el adjetivo de inquietante puede sonar a eufemismo. Es mucho más que inquietante el que el españolito de a pie no sepa a ciencia cierta si dentro de unos años estará en el Tesoro algo del dinero que él fue devengando a través de una vida de trabajo. El "papeles para todos" ha derivado a un "maletas para casi todos" que no ha tenido una buena acogida entre esa clientela. Bruselas ha querido poner pies en pared con la inmigración salvaje que ha descabalado la demografía y el cura Chamizo clama contra Europa por no respetar los derechos humanos para que nos preguntemos a qué pueblo defiende si al andaluz o a cuál. Esto no anda, esto inquieta y entre demagogias independentistas, nacionalismos cerriles, frivolidades de ricos impunes, indefensión profesional, amenaza de quiebra del Estado y mangazos varios dan ganas de imitar a Pío Cabanillas cuando apelaba a aquello de ¡al suelo, que vienen los nuestros!

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