La ciudad y los días

Carlos Colón

Todos tensionan

EL presidente del Gobierno quiso aclarar ayer, tras sus imprudentes comentarios recogidos por los micrófonos aún abiertos al término de una entrevista en Cuatro con Iñaki Gabilondo, que la tensión se crea "movilizando y explicando" al electorado "lo que está en juego" en las próximas elecciones. Como ustedes ya saben, Zapatero dijo: "Nos conviene la tensión", añadiendo que a partir de este fin de semana va a "dramatizar un poco".

No debe sorprender que lo haya dicho el Príncipe de la Paz y Señor de la Alianza de Civilizaciones, que acusa habitualmente al PP de crispar y crear tensiones, porque lo que ha dicho en voz baja, convertida en alta por los indiscretos micrófonos, es lo que todos, él también, vienen haciendo hace cuatro años. Todos creen que les conviene la tensión, y así actúan: el PP promoviendo manifestaciones, agitando banderas, constituyéndose en salvador de la patria -para lo que es necesario exagerar los peligros que la acechan- y alineándose con los integristas; el PSOE inyectando en la Historia una memoria que actualiza el pasado, cargándolo de pasión, y crispa el presente, al presentarse a él mismo como heredero de la legalidad republicana (y al PP del golpismo franquista) y salvador del progreso democrático -para lo que es necesario exagerar los peligros de lepenización (de Le Pen, no de Lepe) de un PP que define como de extrema derecha-, y provocando a la Iglesia para justificarse como campeón del laicismo frente a unas fantasmales pretensiones teocráticas; la Iglesia practicando su propia modalidad de inyección de pasión en la Historia a través de la exaltación de los mártires, alineándose con el PP, favoreciendo los movimientos eclesiales más conservadores y provocando al Gobierno con comunicados o manifestaciones; y los medios de comunicación nacionales alineándose con unos u otros con una virulencia partidista y una subjetividad acrítica como no se ha conocido en nuestra historia democrática. Así unos esperan captar votos, otros fieles y los medios lectores o espectadores.

De momento la estrategia les funciona, y parece alejar el fantasma de la abstención creciente que tanto preocupa (no por motivos democráticos, sino pancistas) a los dos grandes partidos. Los mítines rebosan de entusiastas tensionados, las concentraciones favorecidas por la Iglesia congregan miles de fieles tensionados y los periódicos o emisoras que sacrifican la información a la doctrina ganan lectores y oyentes tensionados. Pero es una estrategia peligrosísima que erosiona gravemente la convivencia, hace difícil el diálogo y caricaturiza la realidad simplificándola...

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