alto y claro

José Antonio Carrizosa

¿Nos los tomamos en serio?

TENEMOS un consejero, el de Medio Ambiente, que al parecer siente especial fascinación por soltar animalitos en la provincia de Almería y hacerse fotos en tan singulares acontecimientos. Si hace unas pocas semanas José Juan Díaz Trillo sorprendió a la afición con una suelta de caracoles que pasará a los anales, ésta, y en la misma provincia, se ha dedicado a la noble actividad de dejar en libertad larvas de sapo partero para que crezcan y se reproduzcan. No es ocioso anotar que para proceder con tan ecológico ardor el consejero se cruza Andalucía de oeste a este y emplea una jornada de trabajo que hurta a otros menesteres seguro que no tan importantes. Tenemos otro consejero, el de Empleo, sobre el que están cayendo chuzos de punta y que seguro que algo ha tenido que ver en cómo el Gobierno andaluz se ha enredado en el lío de los ERE como si se hubiera metido en un laberinto en el que no es capaz de encontrar la salida. En medio de tan estruendosa tormenta, Manuel Recio se dedica a anticipar a sus amigos a través de su facebook personal informaciones sobre el caso que debería facilitar a los medios de comunicación y al Parlamento. Grave es que lo haga, pero todavía es peor la justificación: él quiere ser como Obama. Si el entonces candidato demócrata anunció en Facebook que Joe Biden lo acompañaría como vicepresidente, él no iba a ser menos. Y se podría seguir: nuestro todavía alcalde, sin ir más lejos, ha inaugurado en el límite que le marcaba la legislación electoral, una biblioteca sin libros y un faraónico edificio a medio terminar sin que se le moviera un músculo de la cara. Pero lo han superado en Castellón, donde el imputado presidente Francisco Camps ha inaugurado, con toda la parafernalia que la ocasión requería, un aeropuerto donde no está previsto que por ahora lleguen aviones, mientras invitaba a la población a pasear tranquilamente por las pistas.

Todas estas perlas, cogidas casi al azar de las noticias de las dos últimas semanas, demuestran que hay una forma de hacer política que no se toma en serio a los ciudadanos. O por lo menos, que lo toman como un menor de edad capaz sin capacidad crítica. ¿Es extraño que los ciudadanos se desmarquen de esa forma de hacer política y que ésta aparezca cada vez como una actividad menos valorada en cuantas encuestas se publican? Cuando alguien se queda con la sensación de que se lo están tomando a broma, no hay reacción más humana que la de enfadarse y mirar para otro lado. Muchos políticos de nuestro entorno deberían tenerlo en cuenta.

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