Cosas que pasan

Ricardo Castillejo

El traje de la novia

LLEVO varios días siguiendo la polémica acerca del traje de boda de Belén Esteban y mordiéndome la lengua para no decir nada pero, sinceramente, no puedo más. Sólo hay dos actitudes que consiguen enervarme y, según analizo, ambas vienen en el lote nupcial de la colaboradora más carismática de todas las tertulias televisivas. Un pack donde no faltan ni la mentira, ni la injusticia y ante el que se han despertado muchas y diversas versiones. La primera afectada fue mi amiga Rosa Clará, desparecida durante unas horas para no tener que dar explicaciones del asunto. "No me interesan nada estos líos ni creo que me lo merezca", me contaba acerca del revuelo despertado tras esa primera negativa suya, por falta de tiempo, a confeccionar el tan traído y llevado traje de "la" Esteban.

Ésta, feliz, anunció después que sería un diseño de Elie Saab por el que, finalmente, se había decantado. Lo vio en el escaparate de una tienda de Pronovias y, según me confirmaban el martes desde la firma, no lo dudó ni un segundo. "Fue el único que se probó. Se la ha tratado como a una clienta más y, aunque sabemos que otras tiendas se han negado a venderle ningún modelo, no es nuestro caso", escuchaba, con mis propios oídos, a un confidente de dicho establecimiento. Menos de veinticuatro horas después, sorpresa, sorpresa, un comunicado avisa de que, la representante de Saab en España, ha "declinado" la compra de Belén. "Se le dio un documento de reserva pero la tienda no tuvo en cuenta que a los personajes mediáticos no se les hacen vestidos de colección. Estropearían la ilusión de otras novias y, por esa razón, deben ser creaciones exclusivas. Saab necesitaría seis o siete meses para uno nuevo con lo que, es evidente, no da lugar. También pasaría si viniera la mismísima Nicole Kidman". Lo dudo. Dudo que si la australiana, Halle Berry o Goya Toledo, por citar algunas de las musas de Elie, solicitasen sus servicios no se haría lo imposible por atenderlas. Aceptemos que Esteban, por el contrario, carezca de glamour pero… ¿tiene menos derechos que el resto?

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