PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

El tranvía y el 'lobby' de Jaén

PARADOJA al canto: Sevilla tiene una línea de tranvía que funciona provisionalmente con vagones de Metro porque éstos fueron construidos mucho antes de que se termine la primera línea del transporte subterráneo. Y ahora los tranvías propiamente dichos que debían llegar para reemplazarlos se van a retrasar más que el Metro porque la empresa fabricante no es capaz de dotarlos de baterías que eliminen las catenarias, ahora denostadas por quienes decidieron su instalación. Y por ello se prolonga el pago del alquiler de los vehículos. Un socavón político, todo un lío del montepío en el entramado de intereses hilados entre el Ayuntamiento y el Gobierno andaluz. Difícilmente Monteseirín va a poner entre la espada y la pared por su incumplimiento tecnológico a la empresa CAF-Santana en Linares, dado que cuenta con el padrinazgo de los jiennenses Gaspar Zarrías y Francisco Vallejo para sostener la industrialización de la provincia de Jaén y su mandarinato. A todos los andaluces les va a suponer un sobrecoste la segunda modernización del tranvía de Sevilla.

Bien está que la creación de infraestructuras en Andalucía cuente con las empresas instaladas en la comunidad autónoma. Pero se descarrila cuando las decisiones políticas sobre un medio de transporte (con bandazos incluidos) no están en consonancia con las prestaciones técnicas de la maquinaria, y cuando el proveedor de los trenes no los entrega en los plazos y condiciones acordados. El propio Torrijos, como socio de gobierno municipal, subraya la falta de rigor que arrastra el tranvía por el cúmulo de contradicciones entre las declaraciones del alcalde y los vaticinios de otros concejales.

Algunos de ustedes recordarán la precampaña electoral de 1982, cuando a Felipe González le entrevistaron en televisión y le pidieron que resumiera en una frase en qué consistía el cambio que él propugnaba como lema. "Que España funcione", fue su respuesta. En su tierra natal, se ve que hay discípulos que no se han aprendido bien el primer mandamiento del cambio.

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