DE POCO UN TODO

Enrique / García-Máiquez

Un, dos, tres... ¡ya!

DESDE la noche del 20-N pregunto a todos: "¿De qué margen de tiempo dispone Rajoy antes de que empecemos a demandarle responsabilidades por no haber solucionado la crisis?". Tanto por lo que ha dicho en la campaña como por lo que ha dado a entender, su victoria se ha construido sobre la promesa de que él nos saca de ésta. Para aumentar el compromiso, había dejado en un segundo plano los otros asuntos. Eso le crea la necesidad de responder rápidamente. Pero, ¿en qué plazo?

Los más impacientes me respondían: "Dos meses", porque la situación ya es muy desesperada. Los más forofos me aseguraban que tiene más tiempo del que necesita. Y los más sesudos apostaban por dos años, sopesando lo mal que está todo. Yo me inclinaba por un año aproximadamente: o un poco menos, hasta el otoño, o un poco más, hasta 2013, si la sociedad asume ese mensaje tan previsoramente distribuido que dice que 2012 será peor que 2011 irremediablemente.

Me ha contestado Rajoy en su investidura. Él, un hombre tranquilo hasta la exasperación del respetable, ha expuesto una batería de medidas de calado a 6 meses vista. Eso implica que -contando con otros 6 meses para que las medidas empiecen a dar fruto- Rajoy calcula que tiene un año para que se invierta la tendencia. A pesar de su fama de indolente, el próximo presidente ha asumido que el pistoletazo de salida es ¡ya! y que esta carrera, a diferencia del largo maratón que le ha llevado a la Moncloa, va a ser un sprint. O una contrarreloj, que no sólo va más acorde con su afición al ciclismo, sino con la verdadera naturaleza del reto que tiene ante sí. Las etapas de montaña -donde demostró una resistencia numantina tanto dentro del partido como fuera- quedaron atrás. Si no ha desvelado de golpe todos los sacrificios que nos esperan, como le incitan algunos que aspiran a que le dé una pájara, es porque ha de dosificar los esfuerzos y soponcios.

Siempre le he afeado a Rajoy que se centrase exclusivamente en la economía, por eso tengo que reconocerle ahora el valor de sus otras apuestas: él sabe que se la juega a todo o nada contra la crisis económica en un plazo de tiempo bastante limitado y, sin embargo, ha sido capaz de poner sobre la mesa dos elementos nuevos, en los que él personalmente no pende de un hilo, y que, por tanto, defiende por convencimiento profundo. Me refiero a su interés por mejorar la educación, que a medio plazo es un tema esencial, y a su empeño, solemnemente declarado, de que los españoles seamos iguales en derechos y deberes. Son dos motivos más para desear que, por el bien de todos, le gane la contrarreloj a la crisis.

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