La tribuna económica

Manuel / Hidalgo

El tulipán y los mercados financieros

SON los mercados financieros internacionales eficientes? Esta pregunta tiene difícil respuesta. En el caso de que no lo sean, justificaría niveles de regulación superiores a los actuales. Si lo fueran, elevar la regulación no tendría sentido.

Si los mercados son eficientes, cualquier regulación llevaría a una situación no óptima. Los precios serían diferentes a los que el mercado determinaría y por lo tanto no se ajustarían bien los deseos de los consumidores y las decisiones de producción de los productores. Por lo tanto, menguaría el bienestar económico. Ejemplos de cómo la intervención en el mercado puede desvirtuar el resultado del mismo los encontramos en los desajustes que hoy en día dominan parte de los mercados de productos agrícolas y ganaderos europeos.

¿Pero, es igual en los mercados financieros? En este caso la unanimidad está más lejos de ser alcanzada. Algunos economistas niegan esta posibilidad. Es más, consideran que argumentar razones de eficiencia para negar los controles públicos es basar el discurso en una falacia. Como ejemplo de no eficiencia de estos mercados exponen la existencia de las famosas burbujas financieras, algo que no suele ocurrir en los mercados de bienes y servicios a excepción de cuando éstos son tenidos como bienes de inversión. Por ejemplo es el caso de la burbuja del tulipán de principios del siglo XVII en los Países Bajos. La mutación de los tulipanes a causa de un virus a finales del siglo XVI incrementó la demanda de estas flores, y siendo Holanda un país comerciante exacerbó, su interés por los mismos. Los precios por los bulbos no dejaban de crecer, hasta tal punto que se generaron expectativas de repunte de los precios ad infinitum. El estallido de la burbuja arruinó a muchos.

Con las viviendas ha ocurrido algo semejante. Su transformación desde un bien de primera necesidad a otro bien especulativo le ha dado al mercado inmobiliario un carácter similar al de los mercados financieros. La burbuja para algunos es una demostración clara de, primero, que las casas han sido más un activo que un bien de necesidad y, segundo, que los mercados de activos no son eficientes.

Es habitual que en estos mercados periódicamente se generen burbujas. Un incremento en el precio de los activos eleva su rentabilidad "especulativa", aunque disminuye la rentabilidad intrínseca, elevando su demanda por el primer motivo. Es algo que nos lleva, si se dan las mínimas condiciones, a un proceso divergente y explosivo. Un alimento necesario para su engorde es el crédito fácil, pero como explica la teoría, curiosamente en momentos de burbuja, ésta a su vez alimenta el crédito. Es un círculo que va in crescendo.

Por lo tanto, según este argumento, se defiende la necesidad de intervención en los mercados financieros. Por ejemplo, para que los tipos de interés no se fijen "sólo" con el objetivo de controlar la inflación de los mercados de bienes y servicios sino paralelamente la de los mercados financieros. De esta manera, se limita el crédito y la burbuja mengua.

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