Cuchillo sin filo

Francisco Correal

El verano que murió Borges

SE solicita historiador joven. Ordenado. Escrupuloso. Conocedor de la lengua francesa. Es el anuncio que lee en el periódico Felipe Montero. Es el comienzo de Aura, un relato redondo, elíptico, de Carlos Fuentes. Felipe Montero acepta las condiciones que le pone la viuda del general Llorente para ordenar los papeles de su marido. Se casaron después de la "derrota de Querétaro". Debió ser un importante hecho de armas, pero esa esdrújula, Querétaro, me retrotrajo no a una derrota, sino a una victoria. 18686. El 18 de junio de 1986, la selección de Dinamarca, que venía de golear a Uruguay en el Mundial de México, era vapuleada por la España de Miguel Muñoz: 5-1 con cuatro goles de Emilio Butragueño.

Faltaban tres días para la entrada oficial del verano en el que se murió Borges. Me fui con el fotógrafo Atín Aya a celebrar la goleada a un bar de Triana. Allí me presentó mientras nos servía copas a Gloria Rodríguez, cuyo oficio es la fotografía (su último trabajo, la portada del disco de Luz Casal) y cuya afición es recomendarle libros a los amigos. A mí, en aquella noche de Querétaro, me recomendó Mi tío Oswald, una divertidísima novela del galés Roald Dahl. Podría decir que me recetó, porque unos meses más tarde ese libro, junto al efecto balsámico que me produjo la entrevista que le hice a Silvia Pinal, me curó de una pájara anímica mientras cubría el festival de cine de Huelva.

Cinco años más tarde de aquella proeza balompédica, mi mujer cumplía de su embarazo a mediados de junio. Me hacía ilusión, tonterías de la literatura, que naciera en el Bloom's day, pero se retrasó dos días y Andrea nació el 18 de junio. En algún anuario futbolístico encontré la coincidencia de fechas con la voraz acometida del Buitre a la portería vikinga. En el décimo aniversario del 5-1 (después pasó lo de siempre: empataron cinco romanos y cuatro cartagineses), mi hija Andrea cumplía cinco años. Ese día España se enfrentaba a Rumanía en la Eurocopa de Inglaterra. No vi el partido porque celebramos el cumpleaños de mi hija en Puerto Perico, un parque infantil en la carretera de Sevilla a Málaga. España ganó por la mínima. El único gol lo marcó Amor. Hace poco pasé por Puerto Perico con mis hermanos y les conté la historia: el nacimiento de mi hija en el quinto aniversario de los goles de Butragueño; el gol de Amor en el quinto aniversario del nacimiento de mi hija. Por eso la pobre, a diferencia de su hermana Carmen, aborrece el fútbol y dice que va con el tiempo. Lo que yo no sabía es que de la avenida desde la que se ven los luminosos de Puerto Perico y de la Citroën parte una calle que se llama Amor. (De un madridista a quien tantos Barça-Madrid disputó).

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