Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Las verdades de Paco Chaparro

Debería Lopera seguir los consejos del entrenador que ha logrado lo que parecía imposible, salir de la cola

CHAPARRO ha encontrado el reconocimiento que se merecía tras toda una vida de sacrificio y de estudio en pos de un conocimiento que ya tenía hace treinta años. Más o menos es por ese tiempo cuando Paco, junto a amigos como Pepe Alfaro, Manolo Cardo, Antonio González Flores y muchos otros se hacía entrenador nacional. Bético de nacimiento, trabajó con toda la honradez que atesora para el Sevilla sin que se le cayesen los anillos, incluso ejerció de ayudante de Jock Wallace durante una pretemporada, pero el reconocimiento le ha llegado; ha sido muy tarde pero en el club donde siempre quiso disfrutarlo.

Se cumplen dos meses de que se hiciese realidad la primera parte del sueño, ser entrenador de un equipo al que había salvado cinco meses antes. Y en estos dos meses no sólo se ha hecho un nombre en el fútbol español, sino que ha abierto un inmenso espacio en el corazón de unos correligionarios suyos que lo habían acogido con cierta desconfianza. Ha sacado al equipo de donde parecía imposible que saliese y tras el segundo tiempo de su equipo el domingo pasado en Barcelona, ha cogido tanta fuerza que hasta se ha permitido decirle a Lopera lo que tiene que hacer para que el Betis sea lo que debe ser y no lo que, dolorosamente, está siendo desde hace tiempo.

Ha hecho Chaparro lo que debía, no lo que han hecho antecesores suyos que asentían o reían las gracias que salían por boca loperiana. Ha hecho y dicho lo que, a su leal saber y entender, considera lo adecuado para el Betis. Lo ha hecho en cuanto ha podido, en el mismo momento en que se ve con la suficiente cimentación como para que nadie le quite los pies del suelo. El problema está en que el último que le aconsejó a Lopera lo mejor para el Betis está muy lejos y, para más inri, es insultado desde el púlpito radiofónico que le ha instalado a un muecín profesional. Por el bien del Real Betis Balompié, ojalá Lopera le haga caso a él y no a los comparsas que le rodean.

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