Apunte

Ignacio Martínez

No es una víctima más

NO hay víctimas de primera o segunda clase. Bueno, no hay víctimas inocentes de primera o segunda clase, porque cuando el muerto es un etarra que preparaba una bomba, confieso que no me produce el mismo sentimiento de piedad que cuando una niña pierde las piernas, un empresario que no pagaba el impuesto revolucionario es asesinado por no contribuir a la causa, a un transeúnte le alcanza una bala perdida o a un policía dedicado a perseguir terroristas lo cazan estos asesinos. La de esta semana es una víctima que me ha producido especial conmoción. Eduardo Puelles García, de 49 años, natural de Baracaldo, estaba en la Policía desde 1982. Era jefe de una brigada de información especializada en seguimiento de etarras. Su hermano Josu, que trabaja en la policía autónoma vasca, dice que Eduardo no es una víctima más.

No lo es. ¿Quizá porque nos coge de improviso?, ¿porque pensábamos que la debilidad de la banda y la fortaleza de la unidad de los demócratas era una garantía de inmunidad? Y resulta que no. Que, como siempre, matar es muy fácil. Hace falta un arma y el alto grado de locura de un individuo solo. Josu dice, y tiene razón, que los ciudadanos a lo mejor no saben el esfuerzo que hay detrás de la defensa de la libertad de cada uno, de la defensa de las libertades colectivas. Y añade que su hermano ha muerto como un héroe; un gudari si lo queremos escribir en euskera.

No hay muertes de primera y segunda clase. Pero siempre nos queremos asegurar que los parientes y amigos fallecidos no sufrieron. No es el caso. La bomba lapa no mató a Eduardo. Según varios testigos, la bomba lapa dirigida al policía sólo prendió fuego al coche. Y Eduardo gritaba desesperado que lo sacaran de allí, envuelto en una bola de fuego. Si hay muertes indeseables, por inútiles y crueles, estamos ante una de las más grandes de las que hayamos tenido noticia.

No hay ciudadanos de primera y de segunda, pero es difícil tener respeto por quienes siguen dando alas a la violencia y al terror, votando por la opción que pide Batasuna. Lo mismo que hay libertades colectivas, también hay locuras colectivas.

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