Fede Durán / Fduran@grupojoly.com

Todo un visionario

PROPONE Manuel Chaves que los andaluces puedan estudiar catalán, euskera y gallego en su tierra por si alguna vez emigran. Parece que el presidente de la Junta anhela el chip del emigrante hundido y sin recursos, estereotipo desde luego mucho más próximo a su generación que a las actuales. En realidad, lo interesante no es su extraña docilidad ante quien dificulta burocrática, social y profesionalmente la integración del forastero en otra latitud de su propio país. La cuña más jugosa de su idea es justo la que él no ha imaginado: ¿Por qué no parte de Zapatero una iniciativa similar a escala nacional?

Se supone que los socialistas habían caído en la cuenta allá por 2005. El entonces director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina, anunciaba la inminente creación de la Casa de las Lenguas Ibéricas. La propuesta tenía algo del espíritu de Giner de los Ríos. Era incluso de corte claramente azañista. De hecho, el que fuera presidente de la II República abogaba en sus tiempos, obsesionado con el problema catalán, por una universidad bilingüe donde estudiantes de uno y otro idioma se complementaran y enriquecieran. La Casa debe andar aún por los cimientos. O por el primer ladrillo, ahora que tocan elecciones.

Pasqual Maragall, otro tipo con inventiva, prometió su propia Casa cuando tuvo noticias de la ajena. Es lo que ocurre en España. Todos quieren algo que ya existe para darle un toque más personal. Al final, el president indomable montó el invento para él solito. Con ERC en la Generalitat, han preferido un nombre con reminiscencias de ONG, Linguamón, que de paso no se centra en difundir el euskera y el gallego -se supone que allí todos hablan castellano, y mal que bien es cierto- sino una amalgama que le da al conjunto un aroma a Alianza de Civilizaciones.

Volvamos a la pregunta. Nadie sabe por qué Zapatero no ha copiado a Chaves. Quizás por instinto de supervivencia. Quizás porque asume sin demasiados quebraderos de cabeza que al nacionalista no se le sacia con simbolismo sino con capitulaciones. Quizás porque en España hace siglos que a ningún político le preocupa que las comunidades se respeten y entiendan. Quizás porque el Estado autonómico no existe -los futuros padres constituyentes deberían pensar ya otra definición: Estado Asimétrico, Estado Siempre Inacabado o Estado de Taifas son algunas sugerencias-. Quizás porque la candidez, el optimismo o directamente la fe empujan a otorgar al jefe del Ejecutivo unas dotes de estadista impensables en el improvisador más ilustre, o al menos de mayor rango, del país. El consuelo es que aquí manda Chaves. Todo un visionario sin complejos.

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