Las dos orillas

José Joaquín León

Lo nunca visto

EN Sevilla hay una gran afición a ver lo nunca visto. Son momentos que sólo se pueden vivir una vez en la vida, en los que vemos algo que antes nadie había visto y que en el futuro, probablemente, no se repetirá, al menos no en el tiempo de las generaciones del presente. Uno de los alicientes de la beatificación de Madre María de la Purísima en el estadio de la Cartuja era precisamente ese. Además del acontecimiento histórico de la beatificación en sí, es una colección de lo nunca visto. Entre todo ese surtido de imágenes insólitas, estaba nada menos que la Macarena por aquellos parajes exóticos. A partir de ayer, ya hay muchos que han contemplado a la Madre de Dios, en su paso pero sin palio, por la Glorieta Olímpica o el puente del Alamillo. Lo nunca visto.

La Macarena cruzó un puente, de forma excepcional. Y no para ir a Triana, que hubiera sido un delirio de pregoneros. Cruzó el puente del Alamillo. Esto te lo cuentan hace 50 años, cuando ese puente no existía, y se hubiera interpretado como locura. Como locura de patología de consulta de Javier Criado en la Alfalfa. En lo nunca visto se da ese componente de lo inimaginable, que aumenta su grandeza. La Macarena no cruzó un puente para repetir un encuentro con la Esperanza de Triana, como aquel de la Madrugada de 1995 en la Catedral, que favoreció la lluvia y que captaron las cámaras de televisión de Canal Sur y también Gabriel Pou en una foto nunca vista: las Esperanzas de la Macarena y Triana contemplándose cara a cara. Ahí lo quiso el azar, y no hubo necesidad de pasar el puente, pero esta vez el tránsito de la Macarena a la otra orilla ha sido con premeditación. Y por el sitio más raro.

Ya se ha visto. Y no hay necesidad de repetirlo, al menos hasta 2110, cuando se cumpla el Centenario de la Beatificación de Madre María de la Purísima. Pero entonces igual organizan algo diferente. Hace 100 años, cuando la Macarena estaba en San Gil, a nadie se le hubiera ocurrido que en 2010 iría a un estadio en la isla de la Cartuja. Era inimaginable.

Como hace 10 años, o incluso dos años, era inimaginable que el Betis hiciera su presentación a las autoridades del cielo en la parroquia de San Antonio María Claret, en vez de ir a los pies del Señor de Sevilla, que no es el Señor de Lopera. Es cierto que antes de Jabugo tampoco iba a la basílica de la plaza de San Lorenzo, y que en su momento fue lo nunca visto. Pero es sabido que cuando vas, si dejas de ir, el Señor puede salir a buscarte. Ahí quedó la leyenda de lo que le pasó a Juan Araujo, aquel jugador del Sevilla, en las misiones de 1965. Del mismo modo, el Gran Poder podría ir algún día a Heliópolis y entrar en el estadio del Betis. Sería lo nunca visto.

Como todo lo que parece cosa de locos, o será que estamos locos.

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