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rafael / sánchez Saus

El voto 'Pro vida'

ENTIÉNDANSE como personas pro vida aquellas que defienden el cuidado de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural, anteponiendo esa protección a otras consideraciones de carácter económico, político o ideológico por legítimas que sean. Unas lo hacen preferentemente por razones de carácter ético y humanitario, otras se inclinan por las religiosas o de conciencia y algunas incluso por las meramente demográficas. Es posible, pues, dado el carácter integrador de la convicción pro vida, que gentes diversas coincidan en esa lucha. Un combate que, siendo el más noble de los hoy posibles, en España lleva ya algunos años de continuas derrotas.

Nótese que mientras en otros países, singularmente en los Estados Unidos, el movimiento pro vida es capaz de trasladar al debate público sus planteamientos y condicionar los programas de los candidatos incluso en elecciones presidenciales, aquí hemos asistido a su práctica desaparición en el largo proceso de reajuste del mapa político que vivimos desde el mes de diciembre. Esa desaparición, en este momento decisivo, puede significar ni más ni menos que la exclusión de la agenda política de los problemas que el movimiento pro vida denuncia, convertidos en mero residuo que difícilmente reconsiderará alguna vez la sociedad.

Y sin embargo, en la medida en que el movimiento pro vida sigue siendo el abanderado de causas entre las más hermosas y urgentes de este tiempo, debiera ser capaz de actuar, al menos por esta vez, en nombre de esas causas y para asegurar su pervivencia, de manera reconocible y unida en las próximas elecciones. En otras ocasiones ha sido el PP el gran receptor de ese sufragio militante en función tanto del carácter conservador de muchos de los votantes pro vida, como de expectativas razonables de utilidad. Hoy esa identificación se ha hecho imposible: piénsese que, a pesar de su manifiesta necesidad de rebañar hasta el último voto, hasta el momento no ha habido en el PP la menor declaración o guiño que permita suponer alguna novedad en su actual línea, claramente abortista. En estas condiciones, puede afirmarse que votar al PP es tanto como respaldar las decisiones de una cúpula que ha provocado la más dolorosa derrota del movimiento pro vida desde el año 1985. Los líderes pro vida en España tienen la obligación de hablar claro y pronto. Incluso de algo más.

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