Puntadas con hilo

El mismo idioma

  • El ajuste hecho en el Gobierno de la Junta beneficia al Ayuntamiento en áreas como Cultura, donde el cambio de consejero ha empezado a despejar algunos temas, ventaja de tener un aliado

Miguel Ángel Vázquez, Juan Espadas y Antonio Muñoz posan junto a Benito Navarrete, comisario de una de las exposiciones del Año Murillo. Miguel Ángel Vázquez, Juan Espadas y Antonio Muñoz posan junto a Benito Navarrete, comisario de una de las exposiciones del Año Murillo.

Miguel Ángel Vázquez, Juan Espadas y Antonio Muñoz posan junto a Benito Navarrete, comisario de una de las exposiciones del Año Murillo. / M. G.

Juan Ignacio Zoido, siendo alcalde de Sevilla, había depositado si no todas, sí muchas esperanzas en que el PP lograse por fin el Gobierno de la Junta de Andalucía en 2012 y él pudiera sacar adelante muchos de los proyectos varados de los anteriores gobiernos de izquierdas. El PP ganó en votos pero no pudo gobernar, el cambio no llegó y ello condicionó también la gestión del ex alcalde, que vio defraudadas sus expectativas después de llevar seis meses esperando una cita con el presidente José Antonio Griñán. Decía entonces que había brindado al socialista la misma lealtad institucional que a Javier Arenas, el aspirante del PP a la Junta. Pero, en el mejor de los escenarios, y aquel tampoco lo era, eso resulta insuficiente cuando unos y otros hablan un distinto idioma.

La alianza está detrás de muchos éxitos políticos. Las hay que son meras cuestiones de disciplina de partido, impuestas por ejemplo para sacar adelante votaciones o bloquear al rival. Y hay otras, las mejores, que son también cuestiones de feeling. Incluso dentro de los mismos partidos hay políticos que se entienden mejor con unos que con otros compañeros y algunos que hablan con un acento mucho más parecido. Juan Espadas parece entenderse a la perfección con Susana Díaz y, por tanto, con el círculo de cargos que la han rodeado en estos tiempos. Uno de ellos es el flamante consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez. Su antecesora, Rosa Aguilar, había hecho mucho más complicada la resolución de algunos asuntos con el Ayuntamiento. Digámoslo así.

Y esta misma semana ha empezado a notarse el cambio de tendencia en un asunto enquistado como era la gerencia de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla (ROSS), que ha estado vacante un año y que ya cuenta con titular, John Axelrod.

Contextualizando brevemente la situación: la ROSS estaba sin gestión económica desde que en julio de 2016 se marchó Remedios Navarro, que compartía también la gestión del Maestranza, y desde que se decidió separar las gerencias de teatro y orquesta. Ello dio lugar a un impasse financiero hasta que la Junta y el Ayuntamiento decidieron equilibrar sus aportaciones económicas a la orquesta. El Gobierno andaluz le ingresó en diciembre del año pasado 800.000 euros y se abrió así una nueva etapa de estabilidad en la que sólo faltaba cubrir la plaza de gerente para poder seguir creciendo, con proyección de futuro. Sobre la mesa había una propuesta desde hace meses, una oferta de Axelrod, el director artístico y musical de la orquesta, que había sido ya trabajada con el respaldo de la plantilla. La apuesta es arriesgada, pues nunca antes un director artístico se había hecho cargo de la gestión financiera, pero cuadra con el perfil de un músico que presume de ser el único director orquestal que ha liderado el departamento de rock de una discográfica (la multinacional BMG) y fundado un próspero negocio de vinos en California. Axelrod está preparado para incrementar la visibilidad de la ROSS, atraer nuevos públicos y captar nuevos ingresos.

Los patrocinios privados, dada la situación de las arcas públicas, son el camino para que la orquesta siga creciendo. Una senda que se ha allanado una vez que existe solvencia económica. La Junta ha aportado en el último año casi un millón de euros a este proyecto y ha apostado con ello por un nuevo modelo de gestión, al que se oponía hasta hace un mes dando lugar al nacimiento de una pinza en el consejo de administración de la ROSS, donde el PP y la Junta han estado actuando como aliados. Así es.

Vázquez tiene muy claro que los presupuestos están que tiemblan y que nada es gratis, por lo que ve una oportunidad en el nombramiento de Axelrod y en la búsqueda de patrocinios, algo que no es muy propio de las políticas de izquierdas

El nuevo consejero de Cultura prefiere no hacer declaraciones políticas melifluas y tiene muy claro que los presupuestos están que tiemblan y que nada es gratis, todo cuesta dinero, por eso ve en la apuesta de Axelrod una oportunidad. Pero abrir la puerta a la financiación privada no parece muy propio de la política de izquierdas. Zoido, por ejemplo, apostaba por ello sin ningún reparo.

Vázquez prefiere ser claro y no dar vueltas innecesarias a los asuntos. Le critican por no aceptar de inmediato la propuesta del Ayuntamiento de Málaga de abrir el Museo por las tardes en verano. ¿No quiere? Claro que sí, pero ¿dónde está el dinero? De entrada necesita a 11 trabajadores durante tres meses. ¿Y que dice el comité de empresa? Su apuesta, de momento, será abrir algunas noches, inventarse algunas iniciativas que completen la oferta cultural del verano en Málaga. No hay para más.

El delegado municipal de Cultura, Antonio Muñoz, también tiene muchas esperanzas depositadas en Vázquez para que se incrementen los fondos para los festivales culturales de la ciudad o se ayude a financiar obras como la de Santa Clara o Artillería. Esta última debería ser pronto una realidad y convertirse en una de las insignias del gobierno de Espadas, tal y como prometió. La Junta ya ha mostrado estos días su compromiso con el Año Murillo y esta semana ha anunciado una nueva exposición en el Archivo General de Andalucía Los Neve: Mercaderes, Hidalgos y Mecenas en la época de Murillo.

Pero parece poco probable que, al menos este año, la Junta aporte más de lo previsto. Eso sí, queda otro ejercicio más para finalizar el mandato. Y hablar el mismo idioma seguro que ayuda, sobre todo, cuando se trata de Sevilla. Al menos habrá desbloqueos, otra cosa son las inversiones, pues ahí surge el eterno agravio comparativo. El estigma de los localismos andaluces. Y a eso no hay aliado que quiera enfrentarse.

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