El hombre del milagro

  • M'Bia aún no se explica lo que pasó en Mestalla y asegura que jugar la final es "un bonus", un premio extra. "Fue como un sueño", dice el camerunés, preconvocado para el Mundial.

Muchos días después, más de una semana, Stephane M'Bia aún sigue dándole vueltas a su cabeza, la misma con la que cambió el rumbo del Sevilla en la Liga Europa. No se explica el futbolista camerunés muy bien lo que pasó en ese minuto 94 mientras Mestalla rugía y gritaba a todo tren "sí, sí, sí, nos vamos a Turín". Gameiro dice al que quiera escucharlo que todos los días, desde aquella noche mágica del 1 de mayo, le da las gracias a M'Bia. Y los miles de sevillistas que desde este martes comienzan su largo viaje a Turín se espeluznan sólo de recordar el momento. Con su gigantesco giro de cuello, mandó al suelo a todo el Valencia y a todo el valencianismo, mientras el sevillismo, el que sufría el escarnio de la derrota y la mofa en lo más alto del graderío y el que se mesaba los cabellos ante el televisor, estallaba en un gol pocas veces cantado igual. "Tuve suerte", apenas atina a decir con balbuceante timidez.

Nacido en Yaoundé el 20 de mayo de 1986, M'Bia está en un momento dulce. Este martes se sube en el avión que traslada al Sevilla hasta Turín con la preconvocatoria calentita de Camerún para el Mundial de Brasil. El seleccionador, Volker Finke, deberá hacer cinco descartes antes de la cita, en la que Camerún se las verá con Brasil, México y la Croacia de Rakitic, de los 28 preconvocados, pero no parece que M'Bia se vaya a quedar fuera. Sería darle la espalda al hombre del milagro y ya se sabe que Napoleón quería a generales con suerte antes que heterodoxos estrategas de academia...

Muy académico no es este futbolista redivivo para el fútbol europeo y mundial gracias a que Monchi aprovechó que en el Queens Park Rangers no estaba teniendo excesiva fortuna tras su exitoso paso por el Olympique de Marsella. De hecho, la temporada pasada sólo marcó un gol en todo el curso, en la FA Cup. Esta temporada no ha jugado mucho más que la pasada, pero lleva tres goles en la Liga y dos en la Liga Europa, uno en cada partido de la semifinal. Su protagonismo hasta la semifinal ha sido guadianesco por su irregular forma física y su carácter poco perseverante: apenas 19 participaciones ligueras en 37 jornadas. Pero su fuerza telúrica entró en erupción el día clave.

"La sensación fue impresionante, muy fuerte, una sensación de felicidad repentina -comenta M'Bia-. El Valencia tenía el partido dominado y para mí fue un golpe de suerte. Confíabamos en el gol, pero nadie sabía cuándo podía llegar. En ese momento, todo el mundo estuvo feliz, fue una suerte lograr ese gol. Era muy difícil, fue como un sueño".

Lo que sí tiene claro es que el Sevilla debe disfrutar del momento... y apretar los dientes: "Conseguir el pasaporte a Europa era la prioridad para el club y es nuestra meta. La final es un bonus. Para nosotros es una suerte estar aquí, una oportunidad. Ellos tienen un gran equipo. En una final no hay favorito, pero tememos al Benfica porque tiene grandes jugadores".

Su cautela no casa mucho con esa fuerza que demuestra cuando rompe líneas. Sabe lo que tendrá enfrente en el que puede que sea su penúltimo partido con el Sevilla, ya que su opción de compra es muy elevada (4,5 millones de euros). "Defensivamente y ofensivamente son muy fuertes. Pienso que el Benfica es más fuerte que el Sevilla. Y Luisao es un gran jugador, él va muy bien de cabeza". Sus advertencias no cesan. "El Benfica juega muy bien y tiene grandes jugadores que ya estuvieron en la final ante el Chelsea que perdieron". Es más respeto que temor. El Sevilla se ha revestido del papel de víctima y a él no le disgusta el traje. Así posibilitó el milagro de Mestalla. Ahora queda la hazaña de Turín.

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