A propósito de la serie La Peste, de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, ha vuelto a la actualidad esta epidemia, ocurrida en 1649. No pocos historiadores la consideran el verdadero origen de la decadencia de Sevilla, bastante antes del traslado de la Casa de la Contratación a Cádiz en 1717, que llegó cuando el declive ya era muy evidente. El alcalde, Juan Espadas, ha llegado a decir que la serie (que emitirá Movistar Plus, en formato de pago bajo demanda), servirá para hacer publicidad de Sevilla. Todo se limita a lo mismo. Era una Sevilla que se presta al reduccionismo fácil de los buenos y los malos, a la demagogia, pero que vivía una situación muy compleja.

Al referirse a esta serie, se han aireado sin citarlos algunos párrafos de El Barroco y la Ilustración, de Antonio Domínguez Ortiz y Francisco Aguilar Piñal, en la Historia de Sevilla, que publicó la Universidad. La ciudad ya iba a peor en 1649. No obstante, el impacto fue brutal. Entonces debía tener en torno a 120.000 habitantes, pero después de la epidemia la población se quedó reducida a unos 65.000. Aunque no hay datos exactos, se estima que la epidemia de peste se llevó al otro mundo a la mitad de los sevillanos.

Es cierto que en unas zonas se notó más que en otras: "Los barrios más castigados fueron los más populares". Entre ellos, Triana, San Julián, Santa Lucía y Santa Marina. En esas collaciones "se despoblaron calles enteras". Sin embargo, el miedo también afectó a los ricos, y se conocieron relatos terribles. Sólo importaba vivir.

La epidemia de la peste de 1649 destrozó a Sevilla. Duró desde marzo hasta julio, con algunos días en los que morían más de 1.500 personas. Sevilla había sido la ciudad más poblada de España. En 1649 aún competía con Madrid. Tras la epidemia, se quedó a gran distancia, emparejada con Valencia; y en el siglo XVIII fue superada también por Barcelona. A pesar de que siguió siendo una gran ciudad española, Sevilla perdió influencia en Europa y América. Nunca se recuperó lo suficiente para alcanzar el nivel de riqueza previo al desastre.

¿Había corrupción? Pues claro, como en todas las metrópolis por las que circulaba el dinero. Y una gran picaresca, que aparece en la literatura, como es sabido. La serie no ha descubierto nada, pero sirve para recordar una catástrofe que después se tapó bajo el manto de una cierta vergüenza, sin fundamento. Quizá sería mejor profundizar en lo que pasó.

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